—La invitación para la fiesta de la señorita Carrasco… Pamela me dijo que me la iba a dar.
Tristán la escuchaba y se le iban abriendo los ojos, poco a poco.
¿La prometida del heredero de los Carrasco?
Entonces era… alguien del círculo de los Carrasco, de los de verdad.
¿Catalina conocía a una Ibarra?
—¡Cata, mi hija! ¡No, no… tú sí eres una fregona! —A Tristán se le iluminó la cara; de la emoción hasta le temblaban las manos—. ¡Bien! ¡Eso! ¡Excelente! Cata, de verdad eres la hija de tu papá… ¡No pensé que ibas a llegar a ese nivel con la familia Ibarra!
Si se acercaban a la hija de los Ibarra, y ella era la prometida del presidente de los Carrasco…
¿No significaba eso que, de rebote, también se estaban acercando a los Carrasco?
Con esas dos familias detrás…
¿qué importaban Grupo Liderazgo, Impulso Capital o Eugenio y su bola de juniors?
Con que los Carrasco o los Ibarra dijeran una palabra, la familia Zúñiga no solo se levantaba: se iba para arriba con todo.
En ese momento, Tristán ya ni se acordó de Kiara.
La mandó al demonio; ni ganas le dieron de seguir mandándole mensajes. Agarró la mano de Catalina, emocionadísimo.
—Cata, tú eres la esperanza de la familia Zúñiga. ¡Eso, eso es ser mi hija de verdad! En cuanto sale una oportunidad de ayudar a la familia, tú te avientas de cabeza… no como Kiara, esa malagradecida…
Al mencionar a Kiara, la cara se le torció de asco.
—Tú sí le das mil vueltas a esa ingrata.


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