—La realidad es esta: si la familia Zúñiga tiene una oportunidad de subir, la tiene que agarrar. ¿Qué importa de quién sea prometido ese hombre? Si se fija en Cata, entonces puede ser el prometido de Cata.
—¡Exacto! Por eso gastamos un dineral en arreglarte, para que en un evento así encuentres a un buen partido… —Dana le apretó la mano a Catalina—. Con lo que tú traes, conquistar al señor Carrasco es pan comido.
A Catalina se le subieron los halagos; se tocó las mejillas, roja de pena.
Desde la primera vez que vio a Joaquín, lo pensó: si un hombre así, como de otro mundo, fuera suyo… ¿qué más podía pedir?
Pero para ella, eso era un sueño lejano.
Antes, Joaquín ni la pelaba.
En cambio, esa Kiara… quién sabe qué le hizo para pegarse a él.
Con solo pensar en Kiara, Catalina alzó un poco la barbilla.
Sí quería que Kiara viera lo arreglada y “bien” que estaba ahora.
Aunque Kiara se hubiera colgado de Joaquín y anduviera con ese grupito de juniors…
Cuando se trataba de un evento como este, ¿Joaquín la iba a traer a la gala?
¿Ese grupo la iba a llevar a la fiesta de Eloísa?
Claro que no.
No se iban a exponer a hacer el ridículo.
Y en cambio ella sí podía entrar con su familia, de frente y sin esconderse.
Esa era la diferencia entre ella y Kiara.

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