Kiara ni volteó a ver la champaña.
Tomó un pastelito de abajo y se lo llevó a la boca.
Comía con calma, sin prisa.
Le gustó tanto que hasta entornó un poco los ojos.
Con esa cara fina, fría y perfecta, se veía peligrosamente hermosa.
A Pamela le ardió.
Kiara se tragó el bocado y por fin levantó la mirada, tranquila, sin emoción.
—¿Qué? ¿Vienes corriendo porque te da miedo que la gente no sepa quién soy? ¿O porque ya te urge que se sepa que tú… eres la hija “de adorno”?
La expresión de Pamela se congeló. El pecho se le subió y bajó con fuerza.
—¡Tú…!
Miró alrededor, asustada de que alguien hubiera escuchado.
Y en ese movimiento vio a Camilo y a Vanesa acercándose.
Pamela apretó los dedos.
Sabía que sus “papás” venían porque habían visto a Kiara y se apuraron a cerrar la plática de allá.
Solo por Kiara.
Se obligó a tragarse la envidia y se puso una cara todavía más inocente y lastimada. Habló con un tono sincero:
—Kiara, no me trates con tanta hostilidad. Yo sé perfectamente cuál es mi lugar en los Ibarra… y nunca he querido pelearte nada.
Sin despegar el rabillo del ojo de Camilo y Vanesa, dijo lo suficientemente fuerte para que la oyeran:
—Yo fui la que ocupó tu lugar todos estos años. Yo fui la que recibió el amor de ellos durante tantos años… con eso ya debería bastarme. Yo sí quiero llevarme bien contigo, aunque sea por ellos…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste