—Que sea la próxima gran Queen no suena nada exagerado.
…
Apenas terminó la primera ronda,
un montón de gente se le fue encima a la familia Zúñiga.
Entre elogio y elogio, los Zúñiga no podían ni cerrar la boca de lo felices que estaban.
Escuchaban a especialistas halagándolos y, además, a gente adinerada —a la que antes ni de lejos podían tratar, o con la que se habían topado con pared una y otra vez— acercárseles por iniciativa propia para felicitarlos.
Eso los puso todavía más orgullosos; se sentían en la cima.
Incluso hubo otras joyerías que, ahí mismo, les soltaron ofertas para contratar a Catalina como diseñadora en jefe.
Cada propuesta venía con condiciones buenísimas; algunos hasta querían abrirle una marca solo para ella, con participación accionaria, y que nada más colgara el nombre del grupo.
De tan buenas que eran esas ofertas, a Dana le brillaron los ojos..
Ya se imaginaba el dinero cayéndoles sin parar.
Le daban ganas de partir a Catalina en varias para decirle que sí a todo.
Tristán todavía mantuvo los pies en la tierra. Ante el entusiasmo de esos directivos, sonrió con más medida:
—Una disculpa, señores, pero mi hija ya firmó con Grupo Ibarra, con “Corona”, la joyería de la señorita Ibarra. Ella fue quien le dio la oportunidad; gracias a eso, mi hija pudo mostrar su talento.
—En la vida, lo más valioso es ser leal a quien te tendió la mano.
Eso les ganó simpatía al instante.
Y también le cayó muy bien a Velasco, representante de “Corona”, que estaba ahí presente.
En ese momento él estaba en videollamada. Mirando la pantalla, donde se veía el rostro pálido y enfermizo de Pamela, sonrió.
—Señorita Pamela, la familia Zúñiga sí sabe ubicarse.
Pamela, recargada en la cabecera, tomó medicamento y respondió:
—Una familia de segunda, claro que va a intentar pegarse a mí como sea. Bien por ellos. Si la familia Zúñiga se atreve a traicionarme cuando ya estén sonando, así como los levanté, también los vuelvo a hundir.

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