Kiara justo se puso de pie.
La señora Olivares y la señora Villaseñor la siguieron, como si le estuvieran diciendo algo.
Kiara respondió un par de frases.
En ese momento, un hombre de traje impecable se le acercó.
Kiara se fue con él.
Dana entrecerró los ojos, con una mueca de asco.
Esa chamaca… de verdad no cambia. Hasta en un lugar así, en vez de mejorar su presencia, anda ligándose hombres.
¿De verdad ya llegó a este nivel?
¡Con lo “sagrado” que era este lugar!
Era el sitio donde su hija, Cata, iba a hacerse famosa internacionalmente.
¿Cómo iba a permitir que Kiara lo manchara?
Viendo hacia donde Kiara se fue, Dana ya no se quedó disfrutando los halagos. Con el pretexto de ir al baño, la siguió a escondidas.
Pero otra vez la detuvo un guardia:
—Disculpe, señora. De aquel lado está el área privada de Maestra Téllez. Ella está descansando y pidió que nadie entre.
¿Kiara fue al área de Perla?
¿No que se había ido siguiendo a un hombre?
¿Por qué terminó en el área de Perla?
Entonces…
¿Perla también estaba metida?
Con razón aquella noche Perla hasta se ofreció a llevar a Kiara a su casa.
Esa… ¿no será que, porque conoce a Perla, va a aprovechar para hablar mal de Cata frente a ella?
Si por culpa de Kiara llegara a pasarle algo a Cata en la competencia…
No la iba a perdonar.
Dana pensó rápido y forzó una sonrisa.


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