A bordo del jet privado.
Kiara colocó su bolso de lona a un lado y se preparaba para cerrar los ojos y descansar.
De repente, recordó algo.
Sacó su teléfono y le envió un mensaje a Joaquín Carrasco:
[Ya salí.]
La respuesta llegó en segundos:
[Enciende el celular cuando aterrices. Ya dejé a mi gente lista en Aquilinia. Si se te presenta algún problema, acude directamente a ellos.]
Kiara suspiró en silencio.
Ese hombre... era increíble.
Sintió una leve exasperación, pero una pequeña sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.
-
Aquilinia, Aeropuerto Internacional.
El jet privado aterrizó sin contratiempos.
Con su bolso de lona al hombro y una gorra tapando su rostro, Kiara salió del pasillo VIP con paso perezoso.
El aeropuerto rebosaba de gente y se escuchaba una mezcla caótica de idiomas.
Pamela observaba la silueta indiferente de Kiara, apretando los puños de pura rabia y fulminándola con la mirada.
Durante el vuelo, al estar rodeadas del personal de los Ibarra, se había esforzado por mantener su papel de hermana mayor dulce y atenta, llenando a Kiara de preguntas sobre si necesitaba algo.
Pero Kiara no le prestó la más mínima atención, e incluso la mandó a callar.
Dejándola en completo ridículo frente a las azafatas.
*Maldita pueblerina, ¿de verdad cree que yo quería dirigirle la palabra? Ja.*
Ahora estaban en el extranjero. Aquella campesina no dominaba el idioma y desconocía el entorno.
¡Llegaría el momento en que tendría que rogarle por ayuda!
Además, en unos instantes... el mayordomo de los abuelos vendría a recogerlas.
¡Seguro que Kiara terminaría humillándose a sí misma!
Pamela soltó una risa burlona y, ajustándose el exclusivo vestido de diseñador de la nueva temporada, avanzó con pasos elegantes tras ella.
Al salir de la terminal VIP.
Un anciano de cabello platinado y vestido de etiqueta se acercó rápidamente.
Se inclinó hacia Pamela con la cortesía propia de un caballero inglés.

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