—Tío Simón, ¡cuánto tiempo sin verte! Te extrañé muchísimo... —dijo ella, extendiendo la mano con la intención de tomarlo del brazo.
Pero justo antes de que lo tocara, el hombre la esquivó sin inmutarse.
—No me toques.
No hizo el menor intento de explicarse. Simplemente ignoró a Pamela y siguió caminando hacia la habitación de cuidados intensivos de sus padres.
La mano de Pamela quedó suspendida en el aire, en una postura incómoda.
Se mordió el labio inferior, tan humillada que las lágrimas estuvieron a punto de brotar.
Apretó los puños y, viendo la espalda fría y distante de su tío, se tragó toda su frustración para correr tras él.
—Tío Simón, y-yo... estaba preocupada por Kiara, así que pensaba preguntarte si podías ayudar a buscarla, para evitar que mis abuelos se preocupen...
Los pasos de Simón se detuvieron de inmediato.
Giró la cabeza y la miró con frialdad.
Pamela se apresuró a añadir:
—Ya es tarde y ella no llega, me preocupa que se haya perdido...
—Ustedes volaron juntas hacia acá —Simón entrecerró los ojos, su mirada volviéndose aún más insondable—. ¿Por qué tú llegaste y ella no?
Las pestañas de Pamela temblaron, adoptando la imagen de una hermana angustiada:
—Kiara... al fin y al cabo, acaba de volver a la familia, todavía no se adapta. Al bajarnos del avión, Fabián vino a recibirnos, pero ella... nos ignoró a ambos y se fue sola. Fabián y yo no pudimos detenerla.
Mientras hablaba, observó con cautela la expresión de Simón.
—Tío Simón, Kiara creció en el campo, es normal que sea un poco huraña y sensible. Si la encuentras y te dice algo que te moleste, no te enojes. Y-yo me disculpo por ella de antemano.
En todas y cada una de sus palabras se presentaba como la hermana devota, y a la vez, sembraba la discordia en la mente de Simón contra Kiara.


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