Los transeúntes estaban maravillados, mirando con la boca abierta a esa chica asiática con ojos de puro asombro.
La desconfianza y el desprecio se transformaron de golpe en absoluto respeto e incredulidad.
Incluso el guardia que seguía arrodillado, enmudecido por el dolor, se quedó paralizado al ver la recuperación de la mujer.
—Cof... ¡Cof, cof, cof!
Tras inhalar aire fresco con desesperación, la anciana fue recuperando poco a poco la conciencia y la claridad.
—Buena niña...
Se aferró a las manos de Kiara, y al notar que también era de su mismo país, sus ojos brillaron con alegría. De inmediato, habló en su idioma nativo:
—Buena niña... gracias... tú me salvaste la vida.
Kiara bajó la mirada hacia las manos que la sujetaban; la piel de la mujer aún estaba ligeramente fría.
Luego, observó detenidamente el elegante y noble rostro de la anciana.
Tal vez era el simple hecho de compartir la misma nacionalidad en un país extraño, pero a Kiara se le hizo que había algo familiar en las facciones de aquella mujer.
—No hay de qué —respondió suavizando su tono—. Señora, tiene un problema cardíaco grave desde hace tiempo. Evite emociones fuertes.
—Estoy bien, ¡ahora me siento de maravilla! —La anciana rebosaba gratitud tras haber esquivado la muerte—. Jamás imaginé que, estando tan lejos de casa, me salvaría una compatriota. ¡Es obra del destino!
Mientras más miraba a Kiara, más empatía sentía por ella.
—Niña, ¿cómo te llamas? Tú me salvaste la vida. Me hospedo en el sanatorio de allá, acompáñame. ¡Dejaré que mi familia te agradezca como te mereces!
Kiara vio a lo lejos las luces de la ambulancia que por fin se acercaba, y sonrió levemente.
—No es necesario, fue un placer ayudarla.
—¡Claro que no! ¡Me salvaste y debo darte una recompensa digna! —insistió la anciana. Sin pensarlo dos veces, se quitó un hermoso y valioso brazalete de jade de la muñeca e intentó ponérselo a Kiara en la mano—. Niña, este es mi regalo de agradecimiento, ¡tienes que aceptarlo!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste