¡Y en los ojos de esos expertos brillaba una innegable admiración y respeto absoluto!
—Esa... ¿es mi sobrina, Kiara Ibarra? —la voz de Simón sonó tensa y ronca.
Simón dio unos pasos y puso una mano sobre el hombro de su hermano mayor—.
—¿Ahora entiendes por qué confío en ella?
Tantos genios médicos estaban agrupados alrededor de Kiara, cumpliendo con cada una de sus exigencias sin rechistar.
Esto no era un grupo de maestros guiando a una novata.
¡Era Kiara dominando el quirófano y doblegando a las leyendas médicas a su voluntad!
Un brillo oscuro e insondable comenzó a aparecer en los ojos habitualmente gélidos de Luis.
No apartaba la vista de la pantalla, observando a la joven que operaba con una calma casi irreal.
Una chispa de esperanza empezó a encenderse dentro de él.
Si aquellos intocables de la medicina mundial se rendían ante Kiara...
¿Significaba que sus habilidades eran superiores a las de ellos?
Y con todo ese equipo de genios trabajando junto a ella...
La vida de su padre estaba garantizada, ¿verdad?
Ya que la situación dentro del quirófano estaba bajo el control absoluto de su sobrina...
Él debía encargarse del resto.
Luis ensombreció la mirada y miró de reojo a Simón.
Luego, salió de la sala de observación.
Simón lo siguió de cerca—.
—Luis, ¿qué tienes en mente?
—Ordena a tus hombres que bloqueen todas las salidas. Nadie sale de este hospital —los ojos de Luis eran dos trozos de hielo—. Quiero que consigan los videos de seguridad de la habitación de nuestros padres de los últimos tres días. He revisado los informes médicos recientes de la clínica y la salud de papá mejoraba constantemente. Es imposible que haya sufrido un colapso repentino sin una causa externa.
Al escuchar esas palabras, a Adriana le dio un vuelco el corazón. Su rostro perdió hasta la última gota de color.
Simón enarcó una ceja—.


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