Simón se pavoneaba como un gallo de pelea ganador, con una sonrisa que rebosaba orgullo.
—Hermanito, ni te esfuerces más. A estas alturas, nuestra sobrinita solo tiene ojos para su tío favorito, o sea yo. ¡Llegaste tarde!
A Luis le palpitaba la vena de la frente. Miraba a su insolente hermano menor con unas ganas inmensas de borrarle esa sonrisa engreída de un puñetazo.
Para empeorar las cosas, Simón pareció hacerlo a propósito, acercándose de inmediato a Kiara. Mientras hablaba, peló una mandarina, le quitó cada hebra blanca con una paciencia meticulosa y se la ofreció directamente en la boca.
—Kiara, ¿estás cansada? No le hagamos caso al amargado de tu tío mayor. Ven, prueba esta mandarina. Te la mandé pedir especialmente, ¡está dulcísima!
A Luis le volvió a palpitar la vena. Fulminó con la mirada a Simón, quien se estaba restregando de forma tan descarada contra Kiara.
Sin dudarlo, se acercó, lo agarró del hombro y lo hizo a un lado de un empujón.
—¿Qué estás haciendo? Acaba de terminar una cirugía agotadora, ¿cómo le vas a dar algo cítrico? Que coma manzana, es mucho más suave para el estómago.
Y así, aquel imponente presidente, capaz de firmar contratos de cientos de millones sin inmutarse, agarró un cuchillo y una manzana y empezó a pelarla.
—Uy, uy, uy, hermano. Tú estás acostumbrado a sostener plumas caras, ¿seguro que sabes cómo usar un cuchillo? —Simón lo miró de reojo e intentó arrebatarle la fruta—. Mira nada más qué desastre estás haciendo, te está quedando toda pelona. Mejor déjale estos trabajos finos a su tío favorito.
Luis soltó una risa cargada de frustración.
—¡Estoy pelando esta manzana para mi sobrina! ¡Cállate!
—Oh, ¿ahora sí te acuerdas que es tu sobrina? ¿Quién era el que le estaba gritando por teléfono como un energúmeno hace rato? —Al no poder quitarle la manzana, Simón pasó al ataque verbal.
El rostro de Luis se puso verde de vergüenza. Cortó la manzana mal pelada en trozos pequeños, los ensartó en un palillo y se los ofreció a Kiara en la boca.
—Kiara, no le hagas caso a sus tonterías. Tu tío mayor es la dulzura en persona, jamás levanto la voz. Anda, come. Sé que no se ve muy bonita, pero sabe bien. Además, la manzana tiene muchas vitaminas, necesitas reponer energías.
Simón, empujando a Luis con una mano, le acercó los gajos de mandarina con la otra.
—Kiara, cómete la mandarina que tu tío favorito te peló con tanto amor.
Las dos frutas quedaron suspendidas justo delante de los labios de la joven.
El aire de la habitación pareció congelarse por un instante.
Kiara se quedó muda.
Entre los dos tíos ya sumaban más de setenta años, y ahí estaban, a punto de agarrarse a golpes por ver quién le daba fruta primero.
Parecían un par de niños de primaria peleándose en el recreo.
Kiara no sabía si suspirar de frustración o echarse a reír a carcajadas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste