—Los Ibarra jamás te negaron nada. Si pedías las estrellas, te bajábamos la luna. Te criamos entre algodones, te consentimos, y todo lo que comías, vestías o usabas era lo mejor de lo mejor.
—¿Y así es como nos pagas?
Vanesa se llevó una mano al pecho, con la voz ronca, destilando una indignación que la hacía temblar:
—Desde que Kiara volvió a esta casa, no has hecho más que apuñalarla por la espalda. ¡Has inventado chismes, complots, y trampas en su contra!
—Al principio pensábamos que solo eras una niña malcriada a la que le costaba asimilar el cambio. Kiara, para no causarnos dolor, decidió darte una oportunidad. Yo estaba dispuesta a guiarte con paciencia.
—Pero jamás imaginé que tuvieras el alma tan podrida. Hasta el día de hoy, seguías maquinando cómo destruirla... ¡Y no te conformaste con Kiara, incluso estuviste dispuesta a sacrificar a tus propios abuelos!
—¿Sabes cuánto te adoraban? ¡Son las personas que te vieron crecer y no te tembló el pulso para lanzarlos a los lobos!
—¡Eres... eres una escoria!
—¡Maldita sea la hora en que tuve piedad y dejé que te quedaras en esta familia!
Vanesa cerró los ojos con fuerza, su cuerpo entero temblaba de impotencia y dolor.
Pamela abrió la boca, intentando salvarse:
—No... te juro que no... Solo tenía mucho miedo. Mi hermana es tan perfecta que... me aterraba no estar a su altura... Fue Lucía, ella se aprovechó de mi depresión, me lavó el cerebro y por eso... por eso hice todo eso...
—Nunca ibas a estar a la altura de Kiara —escupió Camilo con voz helada—. No tienes la sangre de los Ibarra y queda claro que estás podrida por dentro. Para salvar tu propio pellejo, fuiste capaz de entregar a la mujer que te crio por más de diez años.
Agarró otra carpeta llena de documentos y se la arrojó a la cara:
—¡Estos días, nos dedicamos a investigar hasta el último detalle de todo lo que hiciste desde que Kiara regresó!
Pamela tragó saliva, pálida como un fantasma, mirando perpleja al padre que la había adorado por veinte años:
—Papá...
—No me llames papá —le cortó Camilo, mirándola con asco—. En la familia Ibarra no hay lugar para monstruos malagradecidos como tú.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste