Pamela se puso en pie a tropezones, dispuesta a salir corriendo.
Pero apenas dio un paso.
Los dos abogados de traje le cerraron el paso.
Uno de ellos sacó de su maletín un documento idéntico al que acababa de destrozar:
—Señorita Pamela, soy el representante legal del Grupo Ibarra. Este documento tiene absoluta validez legal. Si usted se niega a firmarlo, la familia Ibarra procederá mediante mandato judicial para anular su adopción por la fuerza.
El otro abogado intervino:
—Señorita Pamela, le sugiero que coopere. En este momento, en representación de la familia Ibarra, procederé a confiscar todos los bienes que le fueron otorgados durante estos años.
Recorrió a Pamela con una mirada clínica:
—Joyas, propiedades, bolsos de diseñador, vestidos de alta costura... Todo será inventariado y retirado bajo mi supervisión.
Hizo una pausa y añadió sin inmutarse:
—Incluyendo el vestido que lleva puesto en este instante.
Pamela se quedó de piedra.
Abrió los ojos desmesuradamente, mirando a los abogados como si fueran monstruos, y luego giró la cabeza bruscamente hacia su familia, que la observaba con el rostro de hielo.
¿Ellos... la iban a dejar en la calle?
¡Literalmente con lo que llevaba puesto!
¿Acaso querían matarla de hambre?
Pamela sentía que iba a enloquecer.
Sin dinero, sin marcas de lujo, sin casas, sin la corona de 'señorita de alta sociedad'.
¿Cómo se suponía que iba a sobrevivir?
¿Con qué cara se presentaría frente a su círculo de 'amigas'?
¡Se convertiría en el hazmerreír de todo Clarosol!
¿Por qué bastó con que Kiara pusiera un pie en esta casa para que sus veinte años de esfuerzo y sacrificios se volvieran cenizas?
¡No podía resignarse a perder su vida de lujos!
Desesperada, sacó su teléfono celular, aferrándose a un clavo ardiendo:
—Mamá, te lo juro que fue Lucía quien me lavó el cerebro... yo al principio nunca quise hacerle daño a mi hermana...
—Ella me crio desde que era un bebé, yo siempre estuve acostumbrada a hacer lo que ella me decía... Cuando mi hermana volvió y sentí que ustedes me hacían a un lado, me sentí tan triste. Entonces Lucía empezó a envenenarme la cabeza todo el día, diciéndome que mi hermana me había robado mi lugar, que me iban a despreciar y que terminaría en la calle.
—Fue ella, ella me metió esas ideas enfermas. Me dijo que tenía que pelear por mi lugar, que tenía que luchar, ella alimentó mis celos...
—Todas las cosas horribles que pasaron en Aquilinia fueron orquestadas por ella. Yo tenía la cabeza hecha un desastre, y Lucía me prometió que si seguía su plan, ustedes volverían a amarme. Yo solo quería que me quisieran como antes, con eso me conformaba, no sé en qué momento todo se salió de control...
Levantó el teléfono en alto, como si fuera su salvavidas:
—¡Tengo pruebas! ¡Tengo las grabaciones que demuestran que Lucía fue la autora intelectual de todo esto!
Pamela llegó a la conclusión de que su única salida era presentarse como la máxima víctima de una mente maestra.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste