Pamela estaba desesperada por demostrar su inocencia. También quería desligarse por completo de Lucía para probarle su lealtad a los Ibarra.
Sin perder un segundo, corrió hacia Lucía, le apuntó a la cara y empezó a insultarla a gritos:
—¡Todo es culpa tuya! ¡Fuiste tú, bruja malvada, quien me manipuló para hacer esas cosas! ¿Por qué querías destruirme?
—¡Fuiste tú! ¡Tú me arruinaste, tú hiciste que mi familia y yo nos volviéramos enemigos!
—¡Sirvienta de cuarta!
Mientras gritaba, incluso levantó el pie y pateó a Lucía con fuerza.
Una patada. Dos patadas.
—¡Es tu culpa! ¡Todo es tu culpa!
Su rostro distorsionado y lleno de odio se veía aterrador. ¿Dónde estaba la joven adinerada, dulce y educada que todos conocían?
Lucía cayó al suelo por los golpes, pero no intentó esquivarlos ni emitió un solo sonido, simplemente dejó que Pamela descargara su furia.
Lloraba en silencio, mirando profundamente a Pamela con los ojos llenos de tristeza y compasión.
Esa escena solo logró que todos en la familia Ibarra sintieran asco.
—¡Suficiente! —Vanesa ya no soportó verlo—: ¡Sepárenlas!
La mirada de Vanesa hacia Pamela se volvió mucho más fría, llena de una decepción y repulsión absolutas...
Esa mujer, Lucía, era la niñera que había criado a Pamela desde que era una bebé.
Incluso si solo era una empleada... Si crías a un perro por veinte años, terminas tomándole cariño, ¡mucho más a una persona que ha estado a tu lado todo ese tiempo!
En el pasado, si Vanesa tuvo el corazón blando y decidió conservar a Pamela, ¿no fue precisamente porque le tenía cariño?
¿No pensó acaso que la niña que ella había criado lograría llevarse bien con su verdadera hija?
Pero esta Pamela... estaba podrida hasta la médula.
Para salvarse a sí misma, para limpiarse las manos, no dudó en atacar con crueldad a la mujer que la había cuidado durante veinte años.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste