Cada vez que repetía la palabra "mamá", Pamela sentía que la cabeza le iba a estallar de ira.
De pronto, como si hubiera perdido la razón, agarró a Lucía por el cabello y le estrelló la cabeza brutalmente contra el suelo.
—¡Cállate! ¡Te dije que te calles!
—¿Por qué me tuviste? ¿Por qué me lo tenías que decir? ¡Si ya me habías metido a la familia Ibarra, ¿por qué no te fuiste a la tumba con tu maldito secreto?!
—¡Lo hiciste a propósito! ¡Tú me arruinaste la vida, destruiste todo para mí y encima me escupes esto en la cara!
—¡¿Por qué no puedo ser la verdadera hija de los Ibarra?! ¡¿Por qué tengo que ser tuya?!
La cabeza de Lucía sangraba abundantemente, pero aún así se aferraba con uñas y dientes a Pamela, rehusándose a soltarla. Sabía que era su última oportunidad de tocar a su hija.
—Perdóname Pamela, es que mamá nunca tuvo cómo darte más... —lloraba mientras le ponía un trozo de papel en la mano—. Seguramente mamá ya no estará aquí para verte vestida de novia, esto es lo último que puedo hacer por ti.
Con los dedos temblorosos, le dijo:
—Estos son los ahorros para tu futuro que junté en todos estos años. Llévatelos, gástalos poco a poco. Cuando te gradúes de la Universidad Libre del Sur, todo va a mejorar, te lo prometo.
—Tienes que salir adelante, por favor, vive bien...
Pamela ni siquiera le dedicó una mirada al papel. Viendo a Lucía llorar a mares con la cabeza ensangrentada, no sintió ni una pizca de compasión, solo repulsión y un odio asfixiante:
—¡Lárgate! ¡No quiero nada de ti, no necesito tu maldita ayuda!
¡Odiaba a esa mujer por haberle dado esa sangre tan corriente! La odiaba con toda su alma por destrozar su sueño de vivir entre la élite.
...
En el segundo piso, Álvaro observaba aquel circo con una mirada glacial.
Aunque no lograba escuchar lo que hablaban, veía a Pamela fuera de sí, golpeando a la niñera que le había dedicado su vida entera.
Lucía tenía la cara y la nariz reventadas, pero seguía aferrándose a ella, llorando desesperada sin soltarla.
A lo lejos solo se alcanzaba a distinguir los alaridos histéricos de Pamela escupiendo cosas como "sirvienta miserable" o "lárgate".
Una asquerosidad total. «Incurable».
Se levantó a golpes e intentó golpear la reja una y otra vez. Nadie respondió.
Lloró hasta quedarse sin lágrimas. Esa puerta nunca más se abriría para ella.
La noche era espesa, y el viento soplaba cada vez más helado. Con solo la tela gastada de esa camisa protegiéndola, comenzó a temblar de frío.
Ahora... ahora sí lo había perdido absolutamente todo.
Contempló las inmensas rejas, con los ojos inyectados en pura envidia y veneno.
—¡Familia Ibarra... Kiara!
—¡Me las van a pagar, esto no se va a quedar así! ¡Juro que regresaré! ¡Tienen mi palabra!
—¡Voy a recuperar todo lo que me pertenece!
Dentro de la mansión, Vanesa estaba de pie frente al ventanal de su estudio, observando cómo echaban a Pamela como si fuera basura.

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