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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 837

—En aquel entonces, después de que la Señora perdió a esa pueblerina de Kiara, se pasaba el día entero llorando, suplicando a los cielos, rezando en todas partes solo para recuperar a su verdadera hija.

—Para ese momento tú ya tenías dos añitos, y yo pensaba que, si te quedabas a mi lado, serías una sirvienta para toda tu vida, alguien de la peor clase. Yo quería que tuvieras una vida llena de lujos...

—Así que, armé un plan. Soborné a un consejero espiritual para que le dijera a los Ibarra que si adoptaban a una niña con un destino compatible con Kiara, le traería buena suerte y aumentaría sus posibilidades de recuperar a su verdadera hija.

—Yo le di todos los datos de tu nacimiento a ese hombre.

—Y como la Señora estaba desesperada y casi loca de dolor tratando de hallar a su pequeña, creyó cada palabra de lo que el estafador le dijo, así que... te convertiste en la hija adoptiva de la familia Ibarra, en la señorita de la casa.

Lucía habló a toda velocidad, y cada una de sus palabras fue como un cuchillo clavándose violentamente en el corazón de Pamela.

Levantó la cabeza y miró a Pamela en sus brazos; sus ojos rebosaban amor y remordimiento:

—Mamá hizo todo esto por ti. Mírate, durante todos estos años, fuiste la reina de la casa Ibarra, te dieron lo mejor y yo pude estar siempre a tu lado cuidándote...

—Pamela, tú eres mi hija, eres sangre de mi sangre.

Escuchar todo aquello fue para Pamela como si una bomba hubiera estallado dentro de su cabeza.

Empujó a Lucía con violencia.

—¡No te creo! Me estás mintiendo, inventaste esta porquería para darme lástima y que te perdone...

—¡No te estoy mintiendo! —Lucía, desesperada por no perder tiempo, sacó a toda prisa una vieja bolsa de tela que llevaba escondida en su ropa.

La bolsita estaba gastada, pero era evidente que la habían cuidado con mucho esmero.

Con las manos temblorosas, la abrió y sacó una fotografía amarillenta.

En la imagen, se veía a una joven Lucía cargando a un bebé, parada frente a las imponentes rejas de la mansión Ibarra.

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