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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1105

"Melissa"

La semana estaba pasando rápido y las cosas estaban una locura, pero todo estaba saliendo bien, gracias a mi tropa de amigas sensacionales. Ya estaba a mitad de semana y haríamos la primera prueba de los vestidos, estaba animada y ansiosa, era el vestido que soñé toda la vida y la estilista aceptó adaptar un vestido que ya tenía listo y por eso daría tiempo para que mi vestido estuviera listo el día de la boda.

—¡Ay, Mel, estoy tan ansiosa! —Catarina me tomó la mano y la suya estaba helada.

—¡Cat, estás más nerviosa que yo! —me reí.

—Estoy loca por verte de novia —confesó Catarina y me reí, jugamos tantas veces a fiestecita de boda cuando éramos niñas que mi mamá hasta nos había comprado diademas con velo de novia para que jugáramos.

—Llegué a pensar que este momento nunca llegaría —comenté y abracé a mi amiga—. Gracias, Cat.

—¿Por qué me estás agradeciendo? —me devolvió el abrazo.

—Porque estoy segura de que le diste un buen jalón de orejas a Nando —sonreí.

—Ah, pero me divertí tanto. Hice que el corredor entrara en el juego y le dijera a Nando que el Sr. Perfecto estaba muy interesado en la casa, después le sonreí y le dije que la casa sería suya de cualquier manera —Catarina soltó una carcajada.

—¿No puedo creer que hiciste eso? —pregunté y se rio.

—Jamás perdería la oportunidad de realizar nuestro sueño de ser vecinas. ¿Recuerdas que jugábamos que saldríamos en la mañana a recoger el periódico en el portón y nos haríamos un saludo una a la otra? Tipo esas escenas de película —Catarina se estaba riendo y me acordaba exactamente, hasta practicábamos el saludo.

—¡Ahora lo vamos a hacer de verdad! —sonreí.

—Solo que no sé cómo, ya no hay periódico que recoger en la puerta de casa —bromeó Catarina.

—Ah, le encontraremos la vuelta —sonreí—. Vamos chicas, ustedes primero, quiero ver a mis madrinas, lindas y maravillosas, caminando al lado de esos guapos.

—Mel, me encantó esa idea tuya de poner a las madrinas en degradé —se acercó Sam—. Este color que elegiste me favorece muchísimo.

—Yo también lo creo, Sam. Por cierto, ¿la casa estará lista mañana, para esa cosa? —pregunté, necesitaba usar la casa para preparar el regalito que le iba a mandar a Nando el día de la boda.

—Listísima, ya hablé con la fotógrafa y va a ser un espectáculo. Sinceramente, tu idea fue genial —comentó Sam y sonreí.

—Estoy segura de que le va a gustar —sonreí—. Ahora ve a vestirte.

Me senté y esperé a que las chicas aparecieran vestidas con los vestidos de madrinas, el mismo color para todas en tonos diferentes, todos los vestidos bordados, brillarían en mi boda y eso era todo lo que quería.

Le hice la promesa a ella, una que ya había hecho mucho tiempo antes, cuando aún era una niña y trataba de ayudar a Fernando a lidiar con el alcoholismo de su madre, en un día en que después de que se recuperó de la borrachera, ella llorando me tomó la mano y me pidió que no dejara de apoyar a su hijo. Y, en esa época, usé las mismas palabras de ahora y cumpliría mi promesa hasta el fin de mis días.

Controlada la emoción, me puse en el centro de esa sala y me fui volteando despacio, para que todas las presentes vieran cada detalle de mi vestido casi listo. Solo en ese momento noté a la fotógrafa ahí disparando flashes y al muchacho que estaba filmando todo.

—¡Simplemente Melissa! —suspiró Anabel.

—Diva, mi maestra, ¡puede firmar otro proyecto Melissa perfecto! —la flequillitos engrosó el coro.

—Mujer, cuando crezca voy a ser así, miren, no es solo el vestido, gente, ¡miren el porte para usar el vestido! ¡Maravillosa! —Mini me aplaudió y fue seguida por todas.

Una a una, cada una de las chicas fue expresando un elogio y la admiración por el vestido, todas, menos Catarina, que me miraba con la mano cubriéndose la boca.

—Cat, ¿está todo bien? —pregunté y movió la cabeza en negativa. Entonces fui hasta ella—. ¿No te gustó? —movió la cabeza en negativa y entendí que no le había gustado el vestido y si ella, que me conocía tan bien, mi hermana del corazón, no creía que era el vestido correcto, entonces no lo era. Me volteé hacia la estilista—. Vamos a empezar de nuevo, ¡este no es el vestido!

—Realmente estás loca, Melissa Lascurain —el reclamo indignado de Catarina mezclado con llanto explotó en la sala y la miré asustada—. Para ya, este vestido es simplemente perfecto para ti. No existe otro, eres la novia más linda que he visto en mi vida. ¡Perdónenme, chicas! Mel, es simplemente más que perfecto. Estás demasiado linda, mi amiga. ¡Ven a ver!

Me tomó la mano y caminó conmigo hasta el espejo grande en la pared lateral que había sido descubierto. Entré en shock cuando me vi. Era todo lo que había soñado. Pasé las puntas de los dedos por cada detalle, impresionada con la belleza de ese vestido. ¡Era mi vestido, el vestido perfecto! Era con él que había soñado decir sí al amor de mi vida y todos mis sueños se estaban realizando.

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