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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1108

"Fernando"

Después de besar a Melissa frente al edificio donde vivíamos, seguí a los muchachos. Fuimos al sastre a recoger los trajes. No tenía idea de lo que habían preparado, pero esperaba mucho no tener que sentir de nuevo esas descargas de la experiencia del parto que hicimos en la despedida de soltero de Rick.

—¿Van a usar en serio corbatas en los colores exactos de los vestidos de las chicas? —pregunté viendo las cajas de corbatas ser entregadas a cada uno.

—Puedes apostar que lo haremos, nadie aquí quiere una esposa enojada o a la loca molesta —me respondió Patricio y se puso la corbata cerca del cuello, mirándose en el espejo—. Adoro este color, realza mis ojos.

Le puse los ojos en blanco a Patricio, era por mucho el más vanidoso entre todos nosotros. Entonces el sastre me entregó la caja con mi corbata y la abrí.

—Espera, no es esta, yo elegí aquella gris, casi plateada... —estaba yendo detrás del sastre.

—Es esta sí, ¡príncipe! Corbatita blanca para combinar con el vestido de la loca —me sonrió Rick y fruncí las cejas.

—Pero si insistes en usar la otra, está bien, después te las arreglas con tu esposa —Alessandro me puso la mano en el hombro y miró la corbata—. Mira, tiene un brillito igual al gris casi plateado.

—¡Se están divirtiendo con esto, ¿no?! —los encaré y se estaban riendo—. Tuviste suerte, Alessandro, que a Cat no le importan los colores.

—Ah, habría usado una corbata neón para complacerla —me respondió y no lo dudaba.

El traje había quedado perfecto y después del sastre fuimos a comprar zapatos. Aproveché para ir a la joyería a recoger las argollas, que había mandado grabar y compré otro regalito para Melissa.

—Ahora prepárate, Nando, tú y Patricio serán iniciados en el curso de "paternidad perfecta" —anunció Heitor animado.

—¿Iniciado en qué, Heitor? —lo encaré sin entender.

—Ah, ya sabes, las cosas que necesitamos saber para ser mejores padres —confirmó Heitor y sentí el dolor subiéndome por la columna solo de recordar.

—¡No me voy a dar descargas otra vez! Ya sentí cómo es una contracción y creo que las mujeres son demasiado increíbles por soportar aquello, pero no me voy a dar descargas otra vez —respondí queriendo escapar de mi grupo de amigos.

—¿Pero eres un príncipe medio cobarde, no crees? —me preguntó Patricio y bufé, haciéndolo reír.

—Patricio, puedo ser cobarde, pero soy un cobarde sin orinarme los pantalones —lo encaré.

—Ah, ni vengas, Nando, Molina me jugó sucio y me puso la descarga más fuerte. Además, no fui el único que se mojó los pantalones —miró a Heitor que dejó de reír en el acto.

—Y fue exactamente por eso que acordamos nada de descargas esta vez —habló Heitor en serio.

—¡Ah, los cobardes tienen miedito! Mi bajita es más valiente que ustedes, ya hasta está esperando otro hijo, y las enfermeras de Molina dijeron que las contracciones duelen más que las descargas —Flavio tenía que dar su opinión.

—Gracioso que cuando tenías lágrimas en los ojos no te reíste del compañerito, ¿eh, comisario? —Rick le recordó la experiencia y empezó a reír.

—¡Hacer aquello fue una estupidez! —concluyó Flavio—. Pero no va a haber descargas esta vez, va a haber clase de yoga y lamaze.

—Ah, no, ¿respirar como perrito otra vez? —me quejé—. Pero esta vez no voy a ser la embarazada.

Seguimos hacia ese lugar que era una especie de centro especializado en embarazadas y donde aprenderíamos sobre cómo tener un embarazo seguro. Pero al final me había gustado, recibí información importante para estar más atento a un embarazo múltiple. Al final de la tarde, cuando salimos de ese lugar y fuimos a casa de Heitor, estaba completamente alterado con la cantidad de cosas que podrían salir mal durante el embarazo, en el parto y después de él.

—Ahora, mi amigo, vamos a una noche de póker y puros, porque quedarse entrenando para ser papá toda la noche fue solo una vez —Donaldo me puso la mano en el hombro—. Vamos, hay un club esperándonos.

Salimos y fuimos a un club de póker muy famoso en la ciudad, era un lugar elegante y muy frecuentado. Estaba feliz de que hubiéramos vuelto a las despedidas con póker y puros. Nos divertimos, los muchachos bebieron, dijimos muchas tonterías y recibí los consejos más estrafalarios para mantener un matrimonio feliz. Fue una noche muy agradable y cuando regresamos a casa de Heitor aún resolvimos conversar un poco más y no tardamos en estar todos durmiendo ahí mismo en la sala.

A la mañana siguiente desperté de un salto con una sirena de policía sonando en medio de la sala.

—¡No fui yo! —di un salto, con el corazón saliéndoseme por la boca y la respiración entrecortada. Flavio empezó a carcajearse.

—Con esa respuesta serías mi primer sospechoso —se rio Flavio—. Bella durmiente despertada con éxito.

—¡Órale, Flavio! —me pasé la mano por la cara y volví a sentarme, respirando profundo para desacelerar mi corazón.

—Fuiste tú quien dijo que tenía que despertar temprano. Y tenemos cita en la barbería, así que anda, ve a bañarte, porque apestas a puro —Alessandro me dio una palmada en la espalda.

Después del baño me junté con los otros para el desayuno y me sorprendieron con regalos. Cada uno de ellos me dio un libro sobre maternidad y un juguetito sexual para usar con Melissa. Me gustó la creatividad.

—Y este es un regalo de todos nosotros —Alessandro me entregó una caja, dentro había un reloj caro de una edición limitada.

Era muy elegante y atrás había un grabado: "Los amigos son la familia que elegimos". Me agarraron desprevenido y me emocioné.

—¡Son los idiotas más increíbles del mundo! Tengo suerte de tenerlos como amigos, ¡gracias! —respondí secándome los ojos.

—¡Ah, nosotros también te amamos, príncipe! —Patricio fue el primero en levantarse para abrazarme.

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