"Melissa"
Mi fiesta de bodas estaba hermosa, tal como siempre soñé, ¡como un baile de cuentos de hadas! Hasta el drama que hizo Heitor cuando le comuniqué mi sustituta había sido exactamente como lo prevé. Pero estaba pendiente de una cosa más, en realidad dos, bien al fondo del salón.
Eva estaba sentada en un extremo del bar y José Miguel de pie en el otro, ambos solos. Él acababa de despedir a una chica de la oficina y Eva estaba mirando el reloj como si pensara en irse. Dejé a Fernando con los muchachos por un minuto y fui hasta José Miguel.
—Dicen que eres perfecto. —Dije al acercarme y sonrió.
—¡No creas todo lo que escuchas, Sra. Molina! —Sonrió.
—¡Ay, cómo me gusta que me llamen así! —Le di una gran sonrisa, y se carcajeó. —¿Por qué estás tan solo?
—No me malinterpretes, tu fiesta está hermosa, pero no me gustan mucho las bodas. —Tomó otro sorbo del whisky.
—¡Lo sabía, no eres perfecto! —Bromeé y rió.
—Ah, no sé, parece que los príncipes tienen un poco de miedo al matrimonio. —Bromeó, recordándome cuando Fernando estaba huyendo de lo inevitable.
—Bueno, tienes el beneficio de la duda. ¿Pero puedo pedirte un favor? —Lo miré atentamente.
—¡Claro! Lo que sea, hoy es tu día. —Asintió.
—¿Ves a esa chica bonita allí en esa esquina? ¿La que está vestida de rojo? —Dije y sus ojos se dirigieron hacia ella.
—¿Qué pasa con la torpe? —Pareció indiferente, eso me dio más curiosidad.
—Es nueva en la empresa, conoce poca gente aquí, pero es una invitada especial y tú la conoces. ¿Podrías ser gentil y hacerle un poco de compañía? O tal vez ella te haga un poco de compañía también. —Sugerí y me miró fijamente. —Ah, vamos, Perfecto. Ella trabaja contigo.
—¡Está bien! —Se tomó la bebida de un trago y dejó el vaso sobre la barra. —¡Pero me debes una!
—¡Qué atrevido! Melissa Lascurain Molina no le debe nada a nadie, ¡son ustedes los que me quedan debiendo! —Me quejé y rió.
—Ah, princesa, lo siento mucho, pero yo no te debo nada. —Sonrió.
—¡Sí me debes, yo te facilito la vida en la empresa! —Me quejé.
—Y yo te di un par de zapatos por eso y hasta ya te llevé la cena. —Se estaba divirtiendo conmigo. —Acepta que me debes una y voy a ser la niñera de tu amiguita.
—No vas a ser su niñera, pero hazle compañía y cuando regrese de la luna de miel conversamos. —Propuse y entrecerró los ojos.
—¿Vas a regatear? —Asentí y rió. —Está bien, cuando regreses conversamos. —Besó mi mano y se dirigió hacia Eva, invitándola a bailar. ¡Mira nada más, el perfecto sabía bailar vals!
—¿No puedes controlarte? —Escuché la voz de Nando en mi oído.
Me llevó a un rinconcito y con cada pequeño bocado de pastel que ponía en mi boca, también me ofrecía un beso y después ponía un poco del dulce en su propia boca, con los ojos en los míos. Había en ese gesto cariñoso suyo tanto amor y ternura, era mucho más que solo ofrecerme un dulce, era un cuidado. Y con cada beso que me daba, me ponía más ansiosa por salir de la fiesta para estar "por fin solos".
Quince minutos después estaba lista para lanzar el ramo, finalmente, porque en ese momento la ansiosa por irme era yo. Subí al escenario y las solteras se amontonaron en la pista de baile. Observé bien, pero Eva no estaba ahí. Busqué por el salón, pero no la vi, entonces llamé a Julia, que estaba entre las solteras.
—¿Viste a Eva? —Pregunté y sonrió pícaramente.
—¡Se fue hace rato con el Sr. Perfecto! —Julia tenía los ojos brillantes de quien ya había tomado suficientes tragos para estar alegre. —Mel, Mel. —Me llamó y me agaché otra vez. —¡Lanza ese ramo para mí, porque creo que encontré a mi príncipe!
Me sorprendió con lo que dijo y volvió cerca de las otras. Tendría que investigar eso. Pero mientras miraba a Julia, me di cuenta de que Hana tampoco estaba ahí.
—Mini, ¿viste a Hana? —Pregunté.
—Sí, saliendo de la fiesta sigilosamente y detrás de ella el dueño del bar. —Adele me respondió y sonreí. —La periquita va a ser despeinada esta noche, maestra, ¡y no serás solo tú!
Adele rió y se alejó, tomando el micrófono para animar el momento, pero Fernando le quitó el micrófono y comenzó a hablar.
—¡Atención, señoritas! El momento más esperado por ustedes y por mí, porque después de esto, mi esposa es solo mía. —Sonrió. —Manténganse alerta, vale todo en este momento que definirá algo importantísimo. Quién será la próxima entre ustedes en encontrar al príncipe encantado y decir sí en el altar. ¿Quién será? —Preguntó causando alboroto, con las solteras gritando y saltando. —Esposa hermosa, por favor, voltéate de espaldas a ellas, todas deben tener la misma oportunidad. —Me mandó un beso y me volteé. —¡Vamos a contar, señoritas! Es un... ah, olvidé decir, Mel, lanzas en el tres. Vamos a empezar de nuevo. Es un... ah, otra cosa, no vale arrancar el ramo de la mano de la compañerita, eso no hará que su príncipe pase a ti. Vamos otra vez. Es un... ah...
Pero en ese tercer "ah" que dijo lancé el ramo y puse la mano en la cintura mirándolo y comenzó a reír. Sabía que estaba impaciente por irme.
—¡Eres perfecta, Sra. Melissa Lascurain Molina! —Me abrazó y me besó, mientras en la pista de baile las mujeres celebraban el ramo. Y cuando me soltó y vi quién había atrapado ese ramo, me emocioné, ¡no podría haber sido más perfecto, más hermoso y más simbólico!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....