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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1126

"Melissa"

Me habría gustado mucho quedarme un poco más en mi burbuja de luna de miel con mi príncipe, pero también estaba feliz de estar de vuelta. Ya extrañaba a todos y mi trabajo. Tenía tantas ganas que hice que Fernando me dejara en la oficina más temprano.

—Deberíamos habernos quedado en Suiza. A esta hora estaría besando tu cuerpo. —Fernando se quejó dándome un beso en el cuello antes de que saliera del carro frente a Lince.

—Puedes besar mi cuerpo en nuestra cama nueva esta noche. —Sonreí.

—La noche va a demorar mucho en llegar. —Se quejó.

—Ve a trabajar, Fernando, ahora tienes esposa y un montón de hijos que mantener. —Bromeé y se rió.

—¿Vieron, niños?, mamá ya se cansó de papá. —Habló con la mano en mi vientre.

—¿Vieron, niños, cómo es de dramático papá? —Entré en su juego.

—Está bien, me voy, ¡pero bajo protesta! —Sonrió—. ¡Te veo más tarde, abejita!

Me despedí de mi marido y entré a la empresa, me demoré más de lo que imaginé para llegar a mi piso, había mucha gente que abrazar en el camino. El elevador se abrió y las luces estaban apagadas en el piso, ni Julia estaba en su escritorio, lo que era extraño, porque siempre llegaba temprano.

Encendí las luces y fui hacia mi oficina, pero cuando llegué a la puerta me sorprendieron con una fiesta. Había una pancarta de bienvenida, globos en el techo, gorros ridículos y un montón de gente gritando.

—¡No puedo creer que hicieran esto para mí! —Miré alrededor, organizaron un desayuno para darme la bienvenida.

—¡Mi loca! ¡Cuánto te extrañé! —Heitor pasó frente a todos y me envolvió en un abrazo de oso.

—¡Mi prostituto favorito! Yo también extrañé tu falta. —Me reí, abrazada a él.

—¡Maestra! —La Mini Yo jaló a Heitor hacia un lado—. Suéltala, Heitor-cito, hay mucha gente aquí para que ella abrace. —Me reí del modo como le habló, hasta parecía yo, eso me hizo estar segura de que podría mantener a Heitor en línea durante mi licencia.

—¡Mini Yo! Estoy segura de que fuiste un éxito. —La abracé.

—¡Siempre sabes las cosas! —Me apretó un poco más.

—Pero la fiesta fue idea mía. —Heitor ya quería el reconocimiento.

—Para nada, tío, fue idea de nosotros cuatro, tú, Julinha, la Mini Yo y yo. —Enzo desmintió al tío y me abrazó—. La Mini Yo es lo máximo, pero haces mucha falta, gatita.

—¡Ah, mi padrino más lindo! —Lo apreté.

En los momentos siguientes fue una sucesión de abrazos, de los directores de la empresa, de Julinha, de Eva, hasta del Sr. Perfecto. Fue un desayuno muy especial. Era bueno saber que la gente extrañaba mi falta, además, ¿a quién no le gusta sentirse querido? ¡Me encantaba!

Pero después de la fiestita de bienvenida era hora de informarme y tenía muchas cosas que saber. Empezando por las desertoras de mi fiesta de boda. Pero estaba segura de que toda la información que necesitaba estaba contenida en un solo lugar, o mejor, en una sola cabecita.

—Y entonces, Mini Yo, ¡cuéntame todo! —Después de que terminó la fiestita me senté y jalé la silla de Adele más cerca.

—Entonces empezamos por Heitor-cito. —Sonrió y abrió la agenda orgullosa y comenzó a hablar.

—No estoy impresionada, estaba segura de que lo mantendrías en línea. E hiciste aún mejor, me diste semanas de tranquilidad.

—Sí, podría haber sido mejor si Rick no hubiera acabado con mi juego. Heitor ni vino a trabajar el viernes. —Habló molesta y comencé a reírme.

—¡Chaíto, chicas! Loca, es bueno tenerte de vuelta. Mini Yo, eres lo máximo, pero sabes, es ella quien manda por aquí. —Heitor salió de su oficina todo sonriente.

—¡Eso no es justo! —Se quejó.

—¿Qué no es justo? —Enzo entró y se paró frente a nosotras.

—¡Ella sabe! Sobre el Perfecto y Eva. —Heitor contó.

—¡Ah, traidora! Dijiste que me contarías si yo te contaba lo que mi tío estaba haciendo cuando decía que iba a finanzas. —Enzo se quejó y me parecía muy interesante lo que pasaba ahí.

—¿Me entregaste a ella? ¿Y nuestro trato? —Heitor miró indignado a Enzo.

—Nuestro trato se volvió moneda de cambio para un nuevo trato. —Enzo respondió simplemente.

—Quiero las llantas de vuelta. —Heitor exigió.

—¡Ni hablar! Te di cobertura todas las veces que pediste. Conseguiste lo que querías y yo conseguí lo que quería. —Enzo se plantó.

—Pero me entregaste y ella me hizo trabajar más. —Heitor se quejó.

—Ese no es mi problema. Ahora cuenta, Mini Yo, ¿están o no están? —Enzo insistió.

—No voy a contar, estaban ayudando a Heitor-cito a hacerme tonta. —La Mini Yo estaba irreductible.

—Y eso es todo, gente, ella no va a contar. Heitor, si sueñas con jugar golf hoy, te doy cinco segundos para salir de mi vista y tú, gatito, ve tras tu amiguito Perfecto y pídele información, la Mini Yo tiene razón, trataron de hacerse los listos, no van a escuchar nada de nosotras. ¡Ahora circulando! —Batí las manos una contra la otra y expulsé a los dos de mi oficina, solo después de que los vi entrar al elevador regresé a mi escritorio.

—Voy a llamar a Eva. Necesita tu ayuda. —La Mini Yo tomó el teléfono y ya entendí que el gato se había subido al tejado en esa historia.

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