"Heitor"
Con mi loca, pero competente asistente, fuera de combate, tendría que desdoblarme aquí en la oficina. Y tampoco me perdería nada del embarazo de ella, ni de ninguna de ellas, entonces tenía que empezar a llegar más temprano a la oficina para no quedarme hasta tarde. Afortunadamente Mel ya le había enseñado muchas cosas a Luna que se estaba desempeñando muy bien y era muy responsable.
Ya llevaba más de una hora en la oficina cuando Julia y Luna llegaron y ya tenía un esquema para mantener todo bajo control y hasta estaba orgulloso de mí mismo.
—¡Buenos días, para mis chicas lindas! —Salí de la oficina de Melissa y le di un beso en la mejilla a Julia y otro a Luna, deteniéndome frente al escritorio de Julia.
—Oye, tío, ¿te hiciste pipí en la cama? —Luna me preguntó con una gran sonrisa.
—¡No te pongas abusiva como tu noviecito! —Bromeé y ella se rió.
—Anda, ¿qué pasó para que estés aquí tan temprano? —Quiso saber.
—Ah, Lulu, ya sabes, mi dueña está en cama, entonces tenemos que mantener todo aquí en orden hasta que vuelva para que esté orgullosa de nosotros. —Respondí.
—Lo que pasa es que tienes miedo de que te pegue las pelotas a la silla con cola caliente como ya prometió. —Julia me miró con una risita y sentí mis testículos esconderse de miedo.
—También, pero ella no necesita... —Estaba a punto de decir que ella no necesitaba saber, pero una voz venida del infierno de mis peores días en la tierra resonó por la recepción.
—¡Yuhuuu... Heitorcito, volví! —Adele habló detrás de mí e hice una oración antes de voltearme, a ver si espantaba al mal espíritu antes de que me poseyera.
Adele acababa de salir del elevador, traía una carpeta colgada del hombro, la bolsa en una mano y una maleta grande en la otra, juraba que en esa maleta estaban los instrumentos de tortura, y en el rostro, tenía una sonrisa que era un aviso de que la semana de luna de miel de Melissa había sido solo una pequeña muestra de lo que me haría en las próximas semanas.
—¡Está aquí, de nuevo! —Murmuré casi llorando. No era posible que Alessandro me hubiera hecho esta porquería, se suponía que tenía que haber retenido a Adele en su empresa, allá ella no actuaba en modo mini psicópata del infierno.
—Sonríe, Heitorcito, estás en el infierno, ¡abraza al diablo! —Julia pasó la mano por mi espalda como si me calmara.
Miré bien a mi secretaria, que se veía demasiado feliz últimamente. No estaba equivocada, era mejor unirme al enemigo. Entonces abrí los brazos y caminé hacia mi asistente temporal.
—Ah, Mini Yo, ven acá, dame un abrazo que te extrañé —La apreté en un abrazo que casi la asfixió—. No te imaginas lo feliz que estoy de tenerte aquí. "Te voy a abrazar, te voy a amasar, te voy a apretar, hasta que quedes en pedacitos", de lo contento que estoy.
—¡No logras convencer ni a un ciego, Heitorcito! —Se pasó la mano por la frente y se rió después de que la solté—. Pero, quédate tranquilo, ¡porque nos vamos a divertir mucho por aquí!
—¿En serio? ¿Y por cuánto tiempo nos vamos a divertir mucho? Imagino que Alessandro te necesita de vuelta pronto, lo cual es una lástima. —Estaba ansioso de que me dijera que no se quedaría más de dos semanas.
—¡Ay, qué va, tonto! Mi jefe lindo me dijo que puedo quedarme el tiempo necesario hasta que nuestra loca vuelva, ¡lo que será algo entre seis meses y un año! ¿No es genial? —Me abrió una gran sonrisa brillante.
—Algo entre seis meses y un año... —Me mareé un poco y jalé la silla más cercana para sentarme—. ¡No me aguanto de la alegría!
—¡Eso, Heitorcito! Gracias a Thales, su primo está trabajando con Cat y va a quedarse temporalmente en mi lugar. Ay, su primo es un ternurito, tienes que verlo. —Sonrió y abrazó a Julia y a Luna.
—Haz esto, haz un mapa para ella, indicando lo que debe hacer. —Sugirió y fue mi turno de reírme.
—Payaso, ella no necesita mapa, hace su propio camino y me obliga a seguirlo. —Resoplé.
—Heitorcito, no hay remedio. Es Del y tienes que aceptarlo. No puedo impedir...
—¿Impedir? Ni siquiera intentaste. Melissa metió mano en esta decisión tuya, ¿verdad?
—Amenazó con quitarme a mi ahijada y eso no puedo permitirlo. Entonces por tu bien, por el bien de la loca y por mi bien, te quedas con Del el tiempo que la loca crea que debe. Y te voy a dar un consejo, no te quejes, porque dijo que si te quejas no te ganas un padrino de la camadita. —Alessandro me advirtió.
—¡Ah, esa psicópata chantajista! —Me miré en el espejo y de repente surgió una idea—. ¿Sabes qué? No me voy a quejar, ¡voy a hacer que la Mini Psicópata se queje!
—¡Heitorcito, cuidado con lo que vas a hacer! —Alessandro me alertó.
—¡Ah, no te preocupes! Ya castigué a la loca una vez, ¿recuerdas el archivo muerto? Muy bien puedo mantener a esta aprendiz de psicópata ocupada lo suficiente para tener mis momentos de gloria. ¡Adiós, payaso, tengo una asistente que educar! —Colgué el celular y volví a la oficina de Melissa.
—¿Listo para empezar, Heitorcito? —El demonio de Tasmania me sonrió y recibió mi dulce sonrisa de vuelta.
—¡Nací listo, bebé! —Respondí y la llamé a mi oficina. Uno de nosotros dos no resistiría seis meses, quedaba por saber cuál.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....