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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1187

"Hana"

Salí de casa de Catarina corriendo, no quise asustar a las chicas, por eso no expliqué bien lo que estaba pasando, solo di una excusa y me fui. Mientras estaba en el taxi pensé en miles de cosas malas, pero principalmente, pensé en lo absurdo que era que Federico, aún estando preso, lograra seguir amenazándome, pero lo que realmente me asustaba era lo que podría hacerme o mandar a hacer mientras estaba en la cárcel.

Cuando el taxi se detuvo frente a mi edificio estaba nerviosa y temblando, al bajar noté una patrulla de policía estacionada en la esquina y Rafael corrió a abrazarme. Me apretó contra él, como si necesitara estar seguro de que yo estaba ahí y yo pasé mis brazos alrededor de él, porque necesitaba sentirme respaldada y protegida y nadie nunca me había hecho sentir protegida antes que Rafael, quien me sacó de las garras de Federico esa noche en el bar, cuando podría haber fingido que no había visto nada.

Rafael me llevó a mi departamento, me sentó en el sofá y fue a la cocina, cuando regresó traía consigo una taza de té y me la entregó, sentándose a mi lado y poniendo mis piernas sobre su regazo.

—Tranquila, ¡voy a cuidarte! —habló en voz baja pasando la mano por mi cara.

—No puedo quedarme tranquila, no después de todo lo que me hizo. —respondí y tomé el té. Esperó pacientemente a que tomara todo el contenido de la taza y cuando terminé me la quitó de la mano y la puso sobre la mesita.

—Mi flor, él no te va a tocar nunca más.

Me estaba haciendo una promesa que yo sabía que sería imposible cumplir, porque si Federico quisiera, podría matarme, aún con la policía cerca y Rafael tratando de protegerme, podría matarnos a los dos.

—Tú no sabes lo cruel que es. No es solo un agresor, es un delincuente cruel, un monstruo, un sádico. En la última golpiza que me dio, me dejó desfigurada y toda rota, pasé por cirugías, dolor, rehabilitación. Me rompió completamente, física y emocionalmente. Tú eres el primero que me ha tocado, Rafael, después de todo aquello. Y ni sé cómo estoy confiando en ti, ni sé cómo logro sentir las cosas que siento contigo. Me mantuvo encerrada en casa por tres meses antes de darme la última golpiza. Tres meses de los mayores horrores. Tres meses sometida a sus torturas, siendo amarrada y amordazada y violada, por un hombre en quien un día inocentemente confié, de quien me enamoré. Y solo sobreviví a esa última golpiza porque mi tío logró encontrarme. Estoy segura de que eres capaz de imaginar todo lo que pasé, soy una más de la estadística que vemos en los periódicos todos los días. —cuando terminé de hablar, estaba llorando.

El dolor que sentía siempre que tocaba ese tema era como si los huesos de mi cara aún estuvieran rotos, sentía el dolor emocional como un dolor físico en todo mi cuerpo, sentía el dolor al respirar, como sentí cuando tuve el pulmón perforado por las costillas que ese monstruo me rompió.

—Mi flor, tú no eres una estadística, eres una sobreviviente. Y me alegra que logres confiar en mí y que yo logre hacerte sentir cosas buenas. Pero quiero que te sientas protegida también, que puedas tener paz mental. —tocó mi cara con cuidado, pasando las yemas de los dedos, como si quitara el dolor de ahí.

—Está con la policía, es una prueba, pero le tomé foto, ¿estás segura de que quieres verla? —me preguntó cautelosamente.

—¡Sí, quiero verla! —hablé firme y estiré la mano.

Sacó el celular del bolsillo del pantalón y puso la imagen en la pantalla. Ahí, con la letra mal escrita de Federico, pude leer la nueva amenaza que me hacía:

"Hana, zorra, presta atención, me metiste a la cárcel otra vez y te quiero matar a golpes por eso, pero estoy dispuesto a perdonar, porque soy un hombre superior y muy bueno. Entonces, vagabunda, te vas a ir a la delegación y vas a cambiar tu testimonio, vas a decir que nunca te agredí y que hiciste todo esto porque eres una resentida que no aceptó que terminé contigo y vas a decir que fue ese amiguito de mierda tuyo quien me plantó esas drogas. Y haz ya lo que te estoy mandando, porque no tengo mucha paciencia, ya sabes, pero tengo muchos amigos en la calle y todos dispuestos a acabar contigo por mí, pero antes de matarte te van a torturar mucho. Entonces, decide lo que quieres, mi perdón o el castigo por ser tan zorra. Federico"

No sabía qué era peor en esa nota, se me revolvió el estómago y tuve que correr al baño. Mientras vomitaba mi desayuno, sentí a Rafael acercarse, arrodillarse detrás de mí, sostener mi cabello, pasando la otra mano por mi espalda. Cuando terminé, me sentía débil. Jaló la cadena, mojó la toalla de cara en el lavabo y se sentó en el suelo, recargado en la pared, jalándome contra su pecho y pasando la toalla fría por mi cara, mi cuello y mi pecho, mientras daba besos cariñosos en mi cabeza y en mi cara. Me aferré a sus muslos y cerré los ojos, sintiéndome completamente respaldada. Ni sé cuánto tiempo nos quedamos ahí, pero se quedó el tiempo que necesité.

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