"Giovana"
Después de la cena regresé a mi cuarto y miré alrededor. No tenía nada que hacer. Tal vez sí debería bañarme, había pensado en hacer huelga de baño, pero ya estaba empezando a picar, tendría que encontrar otra forma de protesta. Entonces fui al baño y me quedé bastante tiempo bajo la ducha caliente.
Me quedé pensando en esa Hana, me dio un poquito de miedo y ya que estaba en el puesto de "novia de papá" era mejor que tuviera cuidado, no fuera a ser que lograra convencer a mi papá de internarme, con la ayuda de Fernando me encerraría para siempre.
Pero lo que me asustó de verdad fue ese ojo morado, cosa horrible, yo ni saldría de casa con el ojo así. Y después lo que contó del ex novio, aquello fue aterrador. Pero sé lo que trató de hacer, trató de meterme miedo. Pero si pensaban que con esa historiecita me pondrían contra mi John, estaban muy equivocados, porque John me amaba y jamás me pegaría. Era bueno, era lindo y nos íbamos a casar y ser felices. ¡Pero necesitaba hablar con él!
Salí del baño y me puse uno de mis pijamas de pantalón y camisa. Hasta me sentí mejor después del baño. Cuando regresé al cuarto noté que habían cambiado las sábanas y mi maleta y mi bolso estaban en el rincón. Corrí a abrir la maleta y el bolso, revolví todo pero no estaba ahí, ni el celular, ni la tablet, ni la laptop, nada estaba ahí, habían confiscado todo y eso me dejó con más rabia aún.
Fui hasta la puerta y el sillón estaba exactamente frente a la puerta, de espaldas a mi cuarto y el bruto de ese guardia estaba sentado ahí, de espaldas, como si yo ni existiera.
—¡Ah, todavía estás ahí! —Comenté con disgusto. —¿Dónde está Rubens?
—Ya se fue, niña. Ahora quédate calladita. Gritaste mucho hoy, todos necesitamos silencio. —El tal Anderson habló sin siquiera voltearse.
—Quítate de enfrente, quiero pasar. —Mandé, pero siguió sin moverse. —¿No me escuchaste?
—¡Ah, te escuché! Tengo una audición perfecta, pero no soy perro para que me hables así. ¡Aprende a pedir con educación!
—¡Idiota! —Bufé. —Quiero hablar con mi madre.
—¡Ah, lo siento, solo mañana! Tu madre está cansada, niña, la masacraste hoy y soy capaz de imaginar lo que hiciste los días anteriores, está exhausta. Entonces se fue a dormir y deberías hacer lo mismo. Mañana hablas con ella.
—¿Quién te crees que eres? —Hablé fuerte y soltó una risa corta.
—¡Depende! Tu padre piensa que soy tu guardia, tú piensas que soy tu carcelero, tu madre piensa que soy un ángel que vino a ayudarla, ¡pero yo creo que soy tu niñero! Pero sea lo que sea, el resultado es el mismo, solo sales de este cuarto para las comidas. Entonces confórmate, acuéstate ahí y duerme, porque solo cumplo órdenes de tu padre.
—¡Estúpido! —Hablé más fuerte y se rió.
—Sí, hasta puedo ser estúpido, pero tengo un celular y unos audífonos, entonces, puedo simplemente dejar de escucharte cuando quiera.
—Tú... tú... ¡aaahhhh! —Le di la espalda y me acosté, ya me había dado cuenta de que no serviría de nada conversar con ese bruto.
Pero podía esperarlo a que se durmiera e ir por mi celular. Y eso era lo que iba a hacer, tan pronto como se durmiera saltaría ese sillón. Y esperé, miré el techo, rodé en la cama, me levanté y caminé de un lado al otro, esperé hasta que vi que bajó su corpachón en el sillón y apoyó la cabeza en el respaldo, entonces esperé un poco más. Y cuando finalmente pareció que estaba durmiendo, con la respiración regular, ojos cerrados, era mi oportunidad.
Tomé la silla de mi mesa y la puse detrás del sillón, me subí a la silla y estiré una pierna hasta poner el pie sobre el brazo del sillón, bien en la puntita, sin tocarlo. Y tan pronto como afirmé el pie, su mano agarró mi tobillo, sus ojos me estaban mirando y sonrió.
—¡Ah, niña, eso no va a pasar! —Soltó mi tobillo y gruñí de frustración.
Jalé mi pie de vuelta y bajé de la silla. Estaba riéndose bajito, sin siquiera moverse o voltearse. Se estaba riendo de mí. Se creía muy listo, pero yo era más y si no me iba a dejar salir, no lo iba a dejar dormir. ¿Pero cómo haría eso? ¡Podría obligarlo a escucharme toda la noche!
—Bruto, tengo sed. ¡Quiero agua! —Exigí y levantó una botella de agua para mí.
—¡Já! ¡Está bueno! ¡Ni sabes lo que es sufrimiento, niña! —Habló de manera amarga como si me menospreciara.
—Ah, ¿y por casualidad tú sabes? —Me reí, era un hipócrita, como todos los otros.
—Sé lo que es tener una nostalgia que duele como si fuera a ahogarnos, extrañar un abrazo que nunca más podré tener, sentir el dolor de estar obligado a crecer antes de tiempo y tener que salir del confort de la protección de los padres y enfrentar la vida, pero la vida de verdad, no la que yo creía que debería vivir. Sé lo que es ser responsable de otra persona, cuando apenas logras ser responsable de ti mismo. Créeme, niña, deberías estar agradecida de tener a tus padres preocupados por ti. Un día te vas a arrepentir de este ataque de rebeldía. Solo espero que no sea demasiado tarde. —Aquello pareció muy sombrío, estaba delirando.
—¿De qué estás hablando? —Miré su espalda como si estuviera loco.
—Tenía tu edad cuando mi papá murió en un accidente de tránsito, yendo al trabajo. Y mi mamá, que ya trabajaba fuera, empezó a hacer todo tipo de trabajo extra, pero no estaba dando abasto con tres hijos sola. ¡Se quedaba exhausta! —Se levantó y se volteó a mirarme finalmente, pero en ese momento ya no quería mirarlo más. —Y entonces, niña, comencé a trabajar y pasé a estudiar de noche para ayudar a criar a mis hermanos. De eso estoy hablando, de cómo la vida de verdad puede ser dura y cómo lo que niegas ahora puede hacerte falta.
Sus ojos brillaban, con una tristeza que no había notado antes y no quería mirarlo, no más, ¡porque no quería ver aquello! Me molestaba y ni sabía por qué me molestaba.
—Mira, no soy nadie para dar consejos, pero si me preguntaras qué haría en tu lugar, diría que escucharía a mis padres, aceptaría su consejo y las reglas, me alejaría de quien sea que me estuviera diciendo que mi familia no era buena para mí, porque... mira alrededor, mira todo lo que tienes, todo lo que puedes ser en la vida con su apoyo. ¿De verdad crees que no te están cuidando? —Me miró por un momento y después volvió a darme la espalda y sentarse.
Me estaba sintiendo mal y fue solo después de que se sentó que vi a mi tía detrás de él, recargada en la pared, mirándome como si estuviera decepcionada de mí. Se acercó, puso la mano en su hombro y me miró fijamente.
—Deberías escuchar su consejo. ¡Fue un buen consejo! —Le sonrió a él, no a mí, a él y después se volteó y se fue al otro cuarto.
¡No quería escuchar más nada! No quería haber escuchado todo lo que dijo. Me tiré en la cama y jalé el edredón, pero todas esas palabras estaban quemando en mi cabeza, como si estuviera reproduciendo una grabación en mi mente. ¿Por qué aquello me molestó tanto? ¡No tenía nada que ver conmigo! Tal vez hasta yo realmente estaba necesitando silencio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....