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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1220

"Rafael"

Con la declaración de Hana resonando en mi cabeza y dejándome en las nubes la llevé al trabajo. No quería separarme de ella, pero tenía que trabajar y yo tenía que cuidar a Giovana. Mientras la besaba en la puerta del hospital Rubens apareció con cuatro vasos de café en una bandeja de cartón.

—¡Miren a mi pareja! —Nos saludó todo sonriente.

—Qué alegría. —Bromeé y sonrió.

—Jefe, espero que no te moleste que yo... —Comenzó a hablar y comencé a reír.

—¡Rubens, como si el que me molestara fuera a cambiar el hecho de que estás interesado en la tía de mi hija!

—Órale, Rafa, no cambiaría y ni me importaría, pero si no hay problema para ti es mejor. —Respondió riéndose y me entregó un vaso y otro para Hana. —Aquí, hasta te traje café. ¡Y esto, se lo entregas a mi llorona! —Me entregó una bolsa de una tienda de chocolates.

—¿Pasaste la noche con ella y todavía me haces de mandadero? —Bromeé.

—No pasé la noche con ella, la mitad de la noche nomás, allá en el bar y después la dejé en tu casa. Entonces sí, te voy a hacer de mandadero. ¡Ándale, jefe, ayúdame con la llorona! —Pidió con la mayor cara de tonto.

—Está bien, te ayudo, ¡pero solo por el café! —Bromeé y tomé la bolsa. —Te vengo a buscar al final del día, mi loca.

—No. Ajá. ¡No vengas! —Rubens se metió y lo miré sin entender. —Yo dejo a la pequeña en tu apartamento. ¡Dijiste que me ibas a ayudar! Y le doy un descansito a Anderson también, al menos unas dos horitas. El muchacho es dedicado al trabajo, no cuesta nada darle una ayudadita.

—Me pidió doblar el servicio. —Expliqué.

—Lo sé. Él puede, pero no me cuesta nada darle un tiempito para que se bañe, ¿verdad? —Rubens sonrió.

—¡Y mientras tanto tú rondas a Rubia! —Concluí y se rió.

—¡Jefe, para ver a mi llorona estaría cuidando a la niña sin cobrar nada! —Sonrió y negué con la cabeza.

—¡Está bien! Rubens, Rub es muy buena onda y sé que eres buen tipo, para mí está todo bien. ¡Ahora, cuida a mi pequeña! —Le apreté la mano y le di un beso a Hana.

—Ve tranquilo, jefe, la pequeña está segura. —Pasó el brazo sobre los hombros de Hana.

—Solo una pregunta, ¿por qué cuatro cafés? —Pregunté antes de irme.

—¡Uno para Fernando, el tipo es demasiado buena gente! —Dio una sonrisa amplia y tenía que estar de acuerdo, Fernando también era buen tipo.

—¡Te espero en casa, mi loca! —Le mandé otro beso a Hana y fui hacia mi carro.

Manejé hasta mi edificio, con la sonrisa de quien tenía todo lo que quería de la vida, o casi todo, faltaba que mi hija volviera a ser como antes. Dejé mi carro en el garaje de mi edificio y fui al parque para mi carrera matutina. Cuando regresé al edificio tomé la bolsa de Rubia del carro y fui al apartamento.

—¡Buenos días, chicas! —Saludé cuando entré. —Rub, tu admirador te mandó esto.

Saltó del sofá toda sonriente y tomó la bolsa de mi mano. Sacó de adentro una tarjeta y una caja de bombones finos.

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