"Hana"
Estaba confiando otra vez, después de tanto tiempo, cuando ya ni creía que fuera posible superar todo ese horror que viví. Pero Rafael me hizo confiar, fue paciente y fue gentil. Estaba feliz como hacía mucho tiempo no me sentía y quería compartir lo que sentía, quería ver a las personas felices e iba a empezar por Rubens, después Raissa.
—Brutote, cuéntame los detalles de ayer, anda. ¡Me encantan las historias con final feliz! —Pedí y Rubens se rió.
—¡Pequeña, la llorona es increíble! —Dio una gran sonrisa. —Aún ni creo que se haya interesado en mí.
—¿Por qué no, Rubens? ¡Eres un tipo guapetón! —Le dije y sonrió.
—¿Tú crees? —Infló el pecho y me reí.
—¡Creo! Ahora cuéntame qué pasó en mi cocina. —Quise saber.
—En la cocina solo conversamos. O sea, ella habló, yo me quedé nomás embobado mirándola. ¡Es demasiado hermosa! —Rubens estaba totalmente atraído por Rubia.
—Bueno, pero entonces te la llevaste a tu casa. ¿Qué pasó?
—Ah, pasamos por casa, pero no pasó nada, solo le serví una bebida y fui a bañarme y quedar perfumadito, ya sabes, pequeña, me estaba preparando para acercarme. Pero cuando regresé a la sala ya me dijo que estaba muy perfumadito y pidió sentir mi perfume. Mira, pequeña, solo de acordarme ya me erizo otra vez. Pasó su naricita bien aquí en mi cuello. —Hasta cerró los ojos y señaló el cuello, haciéndome reír.
—¿Entonces solo se besaron allá en el bar? —Pregunté aún riéndome y asintió.
—¡Y qué beso! Esa mujer es algo increíble. Me dejó de una manera, que te voy a decir... —Negó con la cabeza riéndose. —Pero fue solo eso, pidió irse a casa y la llevé. Dijo que quiere verme hoy.
—¡Mira qué suertudo eres! —Bromeé y se rió. —Me gustó, tiene una vibra alta, ¡parece tan positiva!
—¡¿Sabes que a mí también me gustó?! Mucho. —Se rió, como si no me hubiera dado cuenta. —¿Y tú y el jefe, cómo están?
—¡Saliendo! —Miré a Rubens y quería compartir. —¡Estoy enamorada, Rubens!
—¿En serio? Ni me había dado cuenta. —Habló en tono sarcástico y me reí. —Eso está bien, pequeña, ¡porque él también lo está!
—Me lo dijo, se declaró hoy y yo me declaré ¡y estoy en las nubes! —Le conté y sonrió en aprobación.
Cuando llegué a mi escritorio llamé a Melissa, que se puso súper feliz con lo que le conté y se animó de poder ayudar a Raissa, como sabía que se pondría. Acordamos un almuerzo y dijo que llamaría a Adele para que apareciera también, mientras yo llamé a Raissa y Rubia e hice la reserva en el restaurante al lado del hospital.
Otro que se puso feliz con el almuerzo fue Rubens, pues iba a ver a Rubia y estaba en una emoción contagiosa. Entonces, a la hora del almuerzo la diosa maestra apareció radiante.
—¡Colita, llegué! —Melissa apareció toda sonriente acompañada de los dos guardias y de Adele. —¡Hola, Rubens! —Me abrazó y después abrazó a Rubens.
—¡Hola, Mel! ¿Cómo estás? ¿Y los niños? —Rubens saludó a Melissa con gran cordialidad y ni sabía que se conocían.
—¿Desde cuándo se conocen? —Miré a los dos y se rieron.
—¡Desde que organicé la boda de Rick y Anabel en el bar de Rafa! Ese día aquí en el hospital, el día que visitamos a los enfermitos, no te diste cuenta porque los muchachos estaban medio estresados. —Melissa se rió. —¡Y ella te encerró en ese cubículo de suministros, ¿eh, Rubens?!
—Ah, Mel, ni hables, esta pequeña me enredó perfectito. Pero hoy se van a portar bien, ¿verdad? —Rubens preguntó y Mel se rió, pero Douglas, su guardia, bufó.
—¿Cuándo es que se portan bien, Rubens? Anabel se portaba bien, pero ahora, ni ella, ya anda ahí llena de ideas igual que Melissa y Sandra. Y no voy ni a hablar de Adele, que yo creía que era seria y centrada, pero es una aprendiz de Melissa. —Douglas respondió y Melissa y Adele se carcajearon.
—¿Qué no hago por ti, Melissa Molina? —Fernando miró a su esposa. —Si no hay problema para ti, Boris.
—¡Ningún problema! Melissa Molina conoce a alguien que puede ayudarme, Fernando, no pierdo esta oportunidad por nada, ¡perdóname! —Boris le sonrió a Fernando.
—¿Vienes a almorzar con nosotros, príncipe, tú, el tío Álvaro, Vinícius? —Melissa preguntó.
—No, mi linda, tenemos unos asuntos del hospital que ver también, voy a adelantar eso mientras Boris va con ustedes. —Fernando se despidió de Melissa.
—¡Entonces vamos, colita! ¿Las chicas nos van a encontrar en el restaurante? —Preguntó y asentí, tomé mi bolsa y fuimos al restaurante que quedaba al lado del hospital.
Cuando llegamos ahí, Rubia y Raissa ya estaban sentadas esperándonos, dos muñequitas, ¡era impresionante lo hermosas y simpáticas que eran esas dos!
—Hana, tengo que decir, eres muy evolucionada, porque yo no dejaría a mi Don habitando bajo el mismo techo que esas dos misses ahí. —Adele me susurró y me reí.
—¿Y de verdad crees que lo dejó allá? —Rubens miró de reojo a Adele. —Ya está bonito durmiendo bajo el techo de la pequeña ¡y creyendo que la idea fue suya!
—¡PARA TODO! —Adele gritó y después se puso la mano en la boca, miró a Rubens que se estaba riendo y después a mí.
—¡Pero qué bocota, ¿eh, brutote?! —Miré a Rubens que se carcajeó.
—¡Virgen santísima de los calzones caídos! ¿Te llevaste al psicópata sabroso a casa? —Los ojos de Adele brillaban de diversión y asentí y en un segundo Melissa y Sandra estaban alrededor de mí.
—¡Vamos a sentarnos, tengo mucho que contar! —Dije y caminamos hacia la mesa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....