"Hana"
¡Me estaba sintiendo increíble! Cuando nadie pensó que era posible, fui allá y domé a la fierecilla. Aunque no debería celebrar tan pronto, qué tal que estuviera armando algo. Pero no pensaría así, porque el día parecía estar sonriéndome, pues a la hora del almuerzo Fernando se detuvo frente a mi escritorio con una buena noticia.
—Hana, voy a almorzar con mi esposa hermosa y voy a pasar el resto del día fuera del hospital, puedes tomarte la tarde libre.
—¿Esto es broma, Fernando? —pregunté y rio.
—No, Hana, es en serio, esto porque eres muy competente y mantienes el trabajo en orden. Puedes irte. Solo deja el celular encendido, en caso de que aparezca alguna emergencia te llamo —me respondió Fernando con una sonrisa.
—Eres el mejor jefe del mundo, ¿sabías? —dije y rio más.
—¡Lo sé! Aprovecha, porque cuando mis bebés nazcan necesitaré que trabajes más —me recordó, ya habíamos hablado de eso y no tenía ningún problema en abrazar las responsabilidades que me daría.
—Cuentas conmigo, Fernando. Tú y Mel —sonreí y se fue—. Brutote, sonríe, ganamos una tarde entera libre y adivina ¿con quién vamos a pasar?
—Ah, pequeña, ¡adoro a tu jefe! —sonrió Rubens y nos apresuramos en salir del hospital.
Pasamos por la tienda de dulces y compré un montón de las paletas de colores que Giovana pidió. Después fuimos al apartamento de Rafael y cuando Rubia abrió la puerta escuché el suspiro de Rubens detrás de mí, lo que me hizo reír. La saludé rápidamente y fui directo hasta la cocina a ver a mi psicogalán.
—Adivina quién ganó la tarde libre —lo abracé por detrás, estaba de frente a la estufa y sostuvo mis manos en su pecho.
—¡Mi loca hermosa! ¡Adoro a tu jefe! —bromeó y se volteó para besarme.
—¡Mi jefe tiene una legión de fans! —reí—. Ya te estaba extrañando, ¿lo crees? Tal vez podamos ir allá a mi apartamento más temprano. Ya sabes cómo es, hasta las diez de la noche el administrador no puede multarme.
—¡Tu loca cachonda! ¡Ya estás loca por usar mi cuerpecito! —bromeó y bajó la voz para hablar en mi oído—. Voy a adorar cogerte de nuevo en el balcón de tu cuarto.
—¡Yo soy la cachonda! —comencé a reír—. ¿Puedo ver a la fierecilla?
—Tengo curiosidad por saber qué quiere contigo —comentó.
—Yo también, pero te vas a quedar calladito aquí y terminar nuestro almuerzo, después te cuento todo —avisé.
—Ya veo, plática de chicas —me miró con esa sonrisa—. Bueno, conoces el camino.
Tomé la bolsa con las paletas y fui hacia el cuarto de Giovana. Había puesto la silla frente a la puerta y estaba conversando con Anderson, que había puesto el sillón de frente a ella. Los dos estaban hablando sobre el libro que le di y me pareció muy lindo.
—¡Llegó Hana! —dio un salto de la silla y Anderson se levantó y jaló el sillón, dándome paso.
—¡Hola, Anderson! El jefe dijo que puedo entrar —lo saludé y me retribuyó con una sonrisa.
—Nuestra primera dama puede todo —respondió todo tierno.
—¿Primera dama? —Giovana lo miró intrigada.
Se mordió el labio, desvió los ojos y después volvió a encararme, medio apenada, esa manera típica adolescente que tiene una confesión que encuentra vergonzosa.
—Es queeee... ééés... ay, Hana, es que el bruto ridículo me preguntó por qué me pinté de ese color y dijo que mi cabello era más bonito antes y que él prefiere rosa. Pensé, es un chico, ¿no? Y es adulto... qué sé yo, de repente sabe de las cosas, porque todo el mundo ha dicho que mi cabello quedó feo.
—Todo el mundo ha dicho, Giovana, pero solo cuando el bruto ridículo lo dijo fue que prestaste atención —la miré y bajó los ojos.
—Ay, Hana... ¡él no es un viejo anticuado! —dijo y comencé a reír.
—¿Me llamaste vieja, niña? —pregunté divirtiéndome.
—No... es que... ay, no sé, es que cuando él lo dijo me molestó, tipo, me dieron ganas de tener el cabello bonito de nuevo y me quedé pensando por qué hice eso y... —paró de hablar, como si ya hubiera hablado de más.
—¿Y por qué lo hiciste? —pregunté y me encaró, como si no quisiera contar. Pero yo había sido adolescente, una de las más desplazadas, y vivía intentando encajar y por eso caí en muchas maldades.
—Hana... —estaba con vergüenza de hablar, pero quería que se escuchara—. Es que Aisling dijo que iba a quedar genial y desenvuelto —admitió y levanté la ceja.
—¿Y te gustó el resultado? —pregunté e hizo que no con la cabeza baja—. A nadie le gustó. Esto me hace cuestionar si esa Aisling realmente era tu amiga —me miró de una manera que supe que en el fondo había entendido.
—Chicas, el almuerzo está listo —Rafael apareció en la puerta del cuarto y nos miró con curiosidad.
—Hora de convencer al jefe, pórtate bien durante el almuerzo —me incliné y le susurré a Giovana, mirando de reojo a Rafael que estaba muy curioso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....