"Hana"
Jalé una silla y me senté frente a Suzy. Miré bien su cara. Su mirada hacia mí era de odio, como si yo fuera la cosa más asquerosa del mundo.
—¿Feliz de verme, mamá? —Pregunté con la ironía goteando en mi voz.
—¡Zorrita! ¡Es todo culpa tuya, Hana! ¡Todo! Te odio, siempre te odié, ¡no tienes idea de cuánto te desprecio! —Suzy me gritó.
—Para que veas, Suzy, yo te amé un día, sabes. Te amé, porque me pusiste en el mundo, sabes esa obligación que uno siente de amar a quien lo parió. Pero y qué, hasta las cobras tienen crías, ¿no es así?
—¡Eres solo un montón de mierda, Hana! Solo me serviste para un propósito y ¡solo no te maté porque Gregorio me convenció de que dos ataques cardíacos parecería sospechoso!
—Ah, Gregorio, ¡ese santo del palo hueco! Pero ya me despedí de él, mi asunto ahora eres tú, ¡maldita asesina!
—Ah, ¡ya sabes que maté a tu papito! —Soltó una carcajada—. ¡Aquello fue tan delicioso!
—Pues sí, Suzy. Y no te amo desde hace mucho tiempo, porque me desobligué de amarte. No necesito amar a la incubadora. Y no sentía absolutamente nada más por ti, Suzy, te volviste un cero para mí, como un planeta sin vida, está ahí, pero no hace diferencia.
—¿Y viniste aquí a decirme eso? —Se rio—. Ah, Hana, ¡tan aburrida como tu padre!
—En realidad, Suzy, vine aquí para decirte que ¡ahora te odio! Pero ¡te odio con una intensidad que ni te imaginas! Y te desprecio, ¡tengo asco de ti! Y es por eso que mi abogado, sabes ese fiera, súper competente y que cerró la llave del dinero para ti. Pues sí, va a trabajar con un gran incentivo para ayudar a la fiscalía en el tribunal. Y no va a descansar hasta que estés condenada a prisión por mil vidas. Y aun condenada, va a hacer todo lo posible para que tengas días miserables en una prisión muy, pero muy mala. No es que haya alguna buena, ¡pero hay unas peores!
—¿Qué crees que eso te va a dar? Tu papito está muerto, no puede volver. —Se rio.
—¡Y tú estás bien viva para sufrir todo lo que voy a mandarte a hacer! ¿Sabes cómo funciona la cárcel, Suzy? Quien tiene dinero manda. Yo tengo dinero y no estoy presa, pero ¡puedo pagar para que alguna presa te transforme en trapo de piso de letrina! Es una buena idea, ¿no? —¡Sonreí!
—¡Dudo que hagas eso! Eres tan correctita, tan aburridita. —Se rio—. Sabes, cuando empezaste ese noviazgo con Frederico, empecé a acostarme con él, ¡en tu cama! —Se rio—. Adoraba acostarme con él mientras tú pensabas que te amaba. ¿Sabes por qué, Hana? Porque ¡no tenías que tener nada! ¡No tenías que tener a nadie! Me acostaba con él solo porque te odio.
—Dios, Suzy, ¿puedes bajar más de lo que ya estás?
—¿Bajar? ¡Eres un chiste, Hana! ¡Una desgarbada horrible! Yo siempre fui mejor, más linda, ¡mucho más buena! —Se rio y sentí ganas de vomitar, pero respiré hondo—. Deseé mucho que Frederico te matara, pero el idiota disfrutaba del jueguito que hacía contigo, ¡sentía placer en cubrirte de golpes y después cogerte como una muñequita de trapo!
—¡Eres asquerosa, Suzy!
—¿El guapetón de ahí te coge como Frederico? ¡Porque eso es lo que te gusta!
Me acerqué a ella y la sonrisita en su rostro me dio náusea. ¡Le quitaría esa sonrisita cínica! Y en un movimiento rápido, hice lo que Sandra me había enseñado, le di un rodillazo en medio de la boca a Suzy.
—¡Perra! —Suzy gritó, con la boca sangrando y ya no pude aguantar más, terminé vomitando en su cara y me alejé rápido.
—¡Dale, Nana! —Giovana gritó al fondo de la sala.
—¿Ves, Suzy? ¡Te tengo tanto asco que hasta vomito cuando te veo! —Respiré hondo—. ¡Prepárate para una prisión que va a ser peor que el infierno! —Le di la espalda y me detuve frente a Flavio—. ¡Por favor, dale cinco minutos a Giovana con ella!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)