"Hana"
Estaba con los ojos cerrados sintiendo las manos de Rafael acariciar mi vientre, mientras su otro brazo estaba pasado por mis hombros y yo estaba confortablemente recostada en él en ese sofá. Mientras tanto escuchaba la conversación animada entre nuestra familia.
Rubens, Anderson, Boris y el tío Yusei hablaban sobre el fútbol que pasaron a jugar semanalmente, Raíssa, Rubia y la tía Luana escuchaban atentamente la receta de tarta de papas que Arlete enseñaba y ya me estaba dejando con agua en la boca, pero tenía certeza de que Raíssa la iba a hacer para la cena.
Ya estaba en la vigésima tercera semana de gestación y a esta altura, casi llegando al sexto mes de embarazo, mi vientre era una protuberancia redondeada que dejaba todos esos vestidos y mamelucos de embarazada lindos en mí. Sonreí con ese pensamiento, pues hubo un tiempo en que no me encontraba linda, pero eso fue antes de que mi psicogato hiciera que me sintiera la mujer más linda y sexy del planeta.
Estaba siendo más que mimada, Rafael y Giovana llegaban a pelear por pasar cremas y aceites en mi vientre y masajear mis piernas todas las noches, pero el mejor masaje en los pies lo daba el guapito. El hecho es que todos querían siempre hacer algo por mí o por los bebés, entonces llegaba del trabajo, tomaba una ducha, me sentaba en el sofá y dejaba que mi familia me mimara cuanto quisiera. ¡Y eso era algo que estaba apreciando mucho, ser amada y cuidada!
El resultado de eso es que me estaba volviendo una embarazada caprichosa y perezosa, razón por la cual Raíssa y Rubia pasaron a practicar yoga conmigo todos los días y Rubens iba conmigo a las clases de pilates tres veces por semana y él adoraba, inclusive combinamos continuar el pilates juntos después del nacimiento de los bebés.
—¿Será que hoy estos linditos nos van a dejar saber qué son? —Giovana preguntó ansiosa en el sillón al frente.
Estábamos sentados en la recepción del Dr. Molina, era el tercer ultrasonido para saber el sexo de los bebés y estaban todos quejándose porque no quise hacer el examen para determinar el sexo, pero me mantuve firme, mis hijos se mostrarían cuando quisieran.
—Pero ya sabemos qué son, ¡son bebés, Gi! —Rafael bromeó.
—¡Ah, en serio, papá! Pensé que era un par de "huevos kinder". —Giovana entrecerró los ojos hacia Rafael—. No sé cómo se quedan tan calmados. Ni el tejido que mi abuela me enseñó, jurando que me iba a relajar, me dejó más tranquila.
—Ah, has hecho cosas lindas para tus hermanitos. —Recordé el par de mantas arcoíris que había terminado el día anterior y combinaban con dos pares de los zapatitos que William había mandado a Flavio entregarme.
Quería mucho conocerlo, había escrito una carta de agradecimiento linda para mí y enviado una caja llena de zapatitos, gorros, guantes y saquitos, todos de una delicadeza impresionante. Y le mandé un montón de lanas y cintitas coloridas para que siguiera tejiendo para otras embarazadas también. Pero Flavio me prometió que nos presentaría cuando saliera de la prisión.
—Ay, pero quiero hacer unos vestiditos si son niñas. Y unas ropitas tipo marinero si son niños. —Giovana hizo un puchero.
—¡Pero todavía puedes tener uno de cada, Gigi! —El Dr. Molina salió del consultorio y Giovana se levantó rápido para abrazarlo.
—Dr. Guapísimo, no juegues con mis ideas. ¡Una parejita! Ya soñé con eso, ¿eh? —Respondió al médico abrazada a él, que había entrado al selecto club de sus mejores amigos. Los dos se hablaban todos los días y ni siempre hablaban sobre los gemelos.
—Ah, si es así, tenemos grandes chances, ¡hermanas mayores tienen alto índice de aciertos por aquí! —El Dr. Molina sonrió—. Y como sé que esta familia linda está toda muy curiosa, Hana, preparé una sorpresa, mandé instalar el televisor de nuevo para que los tíos ansiosos acompañen el ultrasonido desde aquí. Hice esto con Mel y fue un éxito, Hana, pero eres tú quien decide si quieres dejar que los otros sepan al mismo tiempo que tú.
Miré alrededor de la sala, todos esos ojos ansiosos sobre mí, como si me pidieran aceptar y comencé a reír.
—Mira esto, Dr. Molina, ¿cómo digo que no? ¡Imposible! Voy a adorar compartir esto, dejar que descubran conmigo. —Respondí.
—Eso es, chica, ¡una familia amorosa sabe compartir! —El médico sonrió—. ¿Vamos a entrar?
—¡Llegué! ¡Llegué! —Melissa entró corriendo a la sala de espera y Fernando estaba sin aliento detrás de ella—. ¡Ni pensar que este ultrasonido iba a pasar sin mí!
—¡Mel! —Fui hasta ella y la abracé fuerte—. ¡Qué bueno que estás aquí!
—No me lo perdería, más aún porque estos linditos me estaban esperando para contar quiénes son, ¿verdad, bebés? ¡La tía loca llegó! —Se agachó y puso dos besos en mi vientre y yo ya estaba llorando—. Mira, colita, sé que de estos no tengo chance de ser madrina, pero ¡ay de ellos si no me llaman tía!
Saludó a los otros y abrazó a Giovana mientras Rafael me daba un vaso de agua y un pañuelito para enjugar mis lágrimas.
—Ah, Mel, ¡eres la madrina honoraria! Ven, entras con nosotros. —La tomé de la mano y la llevé conmigo.
Como siempre la consulta comenzó con el Dr. Molina evaluándome, haciendo preguntas y aclarando mis dudas. Y entonces llegó el esperado momento, saber quién venía en camino.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....