Punto de vista de Avery
Tragué saliva y aparté la cabeza del delicado toque de Reynaud en mi rostro. Su proximidad me ponía nerviosa y sentí que la cabeza me daba vueltas mientras me frotaba los ojos para quitarme las lágrimas que habían brotado ante su compasivo interés.
—¿Qué necesitas de mí? —pregunté.
Él no había sabido nada de mis heridas sino hasta que irrumpió en mi probador, lo que significaba que ya tenía la intención de buscarme desde antes. Entonces, ¿qué era lo que había traído a este Alfa hasta aquí para encontrarme?
Ya no creía que nuestro encuentro hubiera sido casual. Podía ser ingenua, pero no iba más allá de los límites de la imaginación creer que alguien como Reynaud tenía lobos que podían informarle cuando la Luna de la manada Lobo Nocturno salía y, por lo tanto, se volvía accesible. De manera imprevista, me pregunté cuánto tiempo habría estado esperando para armar este encuentro. Había estado atrapada detrás de los muros de Lobo Nocturno durante semanas debido a mi castigo. ¿Habría oído hablar de eso también? ¿Sabía lo que le había hecho a Dierdra para merecer mi sentencia?
Ahora miré fijamente a este Alfa extraño y esperé a que se explicara.
—Quiero ayudarte, Avery. Tengo recursos que ni siquiera Gideon posee y, si dices la palabra, los usaré para aliviar tu... situación.
—¿Puedes rescatar a mi madre? —pregunté, incrédula. Ni siquiera Gideon había estado dispuesto a comprometer las fuerzas necesarias para asegurar su rescate.
Reynaud tomó una de mis manos entre sus palmas y la presionó con calidez.
—Pondré todos mi recursos a tu disposición si puedes ayudarme con esta pequeña cosa.
Me tambaleé ante tal confesión. Gideon se había resistido ante el más mínimo compromiso para ayudarme, ¿y ahora este otro Alfa estaba dispuesto a hacerlo todo a cambio de un pequeño favor? ¿Acaso Reynaud simplemente tenía muchos más recursos, o solo era más despreocupado con el enorme gasto de suministros y vidas de licántropos que costaría?
—¿Qué tengo que hacer? —susurré.
—Mi manada rivaliza con Lobo Nocturno. Si la reputación de Gideon como líder se ve dañada, permitirá que mi manada asegure mejores contratos y posiciones dentro del consejo —ante la expresión de mi rostro, sonrió con condescendencia—. Sé que no te agradará la idea de hacer algo que pueda dañar a tu manada. Esto solo afectaría la reputación de tu Alfa. Ya sabes cómo son estos juegos sociales. Una pequeña pérdida de prestigio no tendrá ningún impacto apreciable en los lobos de tu manada, solo en el orgullo de Gideon.
No debí de parecer convencida, porque Reynaud estiró las manos para colocarlas sobre mis hombros descubiertos, rozándome los costados del cuello con las yemas de los dedos.
—¿De verdad puedes decir que las decisiones recientes de Gideon no han dañado ya a otros? —exigió, escudriñando mi rostro con una expresión intensa—. ¡Ciertamente sus elecciones te han dañado a ti! ¡Y se supone que eres su compañera y su Luna! —gruñó ante esto y me dio otra sacudida enfática, dejando escapar su pasión—. No está bien, Avery, y lo sabes. Ayúdame con esto y nadie sabrá que me asististe, pero finalmente pondrás a Gideon en desventaja y lo conozco. ¡Recurrirá a ti para recuperarse y tendrás la oportunidad de pedirle lo que quieras! ¡Todos ganan!
—Todos excepto Gideon —supuse. Aun así, era agradable imaginar una situación en la que Gideon estuviera en deuda conmigo por una vez. Imaginarlo viniendo a mí y diciéndome:
—Avery, te necesito.
Si hacía lo que Reynaud sugería, ya no sería la única que sufriría mientras él dictaba despiadadamente las condiciones de mi vida. Sería una igual, alguien con voz. Si Reynaud podía rescatar a mi madre, ¿tendría siquiera alguna razón para quedarme en la manada Lobo Nocturno? Podría tomar a mi madre e irme, dirigiéndome al sur, hacia esos territorios humanos, y crear una nueva vida para nosotras.

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