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La amada Luna del Alfa sin corazón romance Capítulo 230

Punto de vista de Alfa Gideon

Bajo la luz de la luna llena, la hembra debajo de mí estaba transformada. Su piel era tan pálida como la leche bajo el resplandor lunar, y sus labios estaban entreabiertos mientras jadeaba por aire tras el colapso del placer. Cada parte de su ser me llamaba, susurrándome palabras de urgencia para que la reclamara, la cubriera y cometiera delitos contra la decencia con su cuerpo.

Ella era el vino más embriagador que jamás había probado, fuerte y perturbador. Todavía seguíamos encajados firmemente el uno con el otro mientras sus músculos internos se cerraban alrededor de mí, exprimiéndome hasta dejarme seco con los pulsos rítmicos de su orgasmo. El sudor goteaba desde mi frente hacia el musgo que estaba debajo de mi mano, justo al lado de su cabeza.

Sus garras habían esculpido surcos de deseo a lo largo de mi espalda, y estos ardían con la sal de mi propia piel. Me encantaba que me hubiera marcado de esa manera.

Ella giró la cabeza hacia un lado y mis ojos se clavaron en la enorme y oscura mordida al costado de su cuello.

Mi mordida. Mi marca.

Mi cuerpo se tensó en un espasmo final que se superpuso con mi conmoción al ver aquella marca de reclamo. Yo solo había marcado a una hembra de esa manera.

Mi compañera misteriosa.

—¡Tú…! —respiré al mismo tiempo que sus ojos se entrecerraban hacia mí en respuesta—. ¿Cómo lo…? ¡Esa es mi marca!

El placer se desangró de su rostro, dejándola pálida debajo de mí.

—¿Tuya? —siseó ella—. ¡Así que fuiste tú!

Me aparté mientras Avery me empujaba para quitarme de encima de ella y se ponía de pie de un salto, ignorando mi mano extendida para ayudarla a levantarse. Era ágil y elegante al moverse, y yo no podía evitar admirar su silueta y la forma en que su cuerpo me suplicaba que la atrajera de vuelta, que la reclamara una y otra vez hasta que gritara mi nombre en éxtasis una vez más.

Ella lució devastada ante mis palabras, tambaleándose hacia un lado. Me estiré para sostenerla, pero apartó mis manos de un manotazo.

—¡Si sentiste un ápice de arrepentimiento, entonces me alegro! —replicó—. ¿Qué se sintió para ti no obtener lo que querías por una vez? ¿Descubrir que tus propias acciones causaron que perdieras algo que amabas? ¡Y aun así te atreviste a unirte conmigo después! —acechó hacia mí y me clavó el dedo en el pecho—. ¡Todo lo que he sufrido ha sido por tu culpa!

—¡Ahora escucha! —sentí que mi propia ira surgía ardiente en respuesta—. ¡Perderte me rompió el corazón, después de que pensé que ya no me quedaba uno! —mi voz se ahogó mientras gruñía—. ¡Sé lo que es perder a alguien que amaba, es todo lo que he conocido durante toda mi vida, y tú solo fuiste la última! Los maté a todos, ¿qué importa uno más?

Dí un paso hacia ella, pero los ojos de Avery se abrieron de par en par, mostrando la esclerótica alrededor de sus iris bajo la luz de las estrellas.

—¿Me estarías amenazando? —siseó—. ¿La noche después de nuestra ceremonia de votos? ¿Después de acostarte conmigo otra vez? Esta es la tercera vez que me has usado y luego me has decepcionado, y no permitiré otra más. ¡Afirmaste que comenzaríamos de nuevo, pero no has aprendido nada, Gideon de Lobo Nocturno!

Se irguió cuán larga era y luego, por primera vez desde que la había conocido, se transformó en su forma de loba.

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