Entrar Via

La amante despreciada del CEO romance Capítulo 135

Sarah terminó de secar a Arthur con rapidez tras el baño, envolviéndolo en una bata pequeña y cálida mientras el timbre resonaba por toda la casa.

—Justo en este momento —resopló ella, con el cabello algo revuelto por el vapor y el esfuerzo—. Arthur, quédate aquí y no salgas, el aire frío puede hacerte daño.

Sarah caminó hacia la entrada y abrió la puerta, encontrándose con una mujer de mediana edad que vestía un uniforme pulcro y proyectaba una calma profesional.

—Buenos días, soy Marie Zach, enfermera —saludó la mujer con una voz amable—. El señor Foster me contrató para ayudarla con los cuidados del niño.

Sarah soltó un suspiro largo, sintiendo cómo parte de la tensión en sus hombros cedía, aunque la sorpresa la mantenía alerta.

—Pase, por favor —dijo Sarah, haciéndose a un lado—. Pero a mí Maxwell no me dijo nada sobre esto.

—Lo siento mucho, pensé que usted ya lo sabía —respondió la enfermera con una nota de disculpa.

—No, pero no se preocupe. Tome asiento un momento.

Sarah se alejó unos pasos, tomó su móvil y marcó el número de Maxwell de inmediato. En cuanto él atendió, ella fue directa al grano.

—¿Por qué no me avisaste de la enfermera? —le reclamó, aunque su tono carecía de verdadera molestia.

—Porque si te lo decía, te ibas a negar —respondió la voz de Maxwell al otro lado de la línea, sonando tan seguro como siempre—. La señora Zach tiene muy buenas referencias y está muy capacitada para cuidar niños con la dolencia de Arthur. De esta forma podrás descansar un poco y tendrás tiempo para tus cosas, Sarah.

Sarah guardó silencio un segundo, mirando de reojo a la mujer que esperaba pacientemente en la sala.

—La próxima vez consúltame, Maxwell —sentenció ella, suavizando el tono—, pero gracias. Realmente me hacía mucha falta la ayuda.

Al colgar, Sarah suspiró.

«Piensa en mi bienestar. Sigues ganando puntos Maxwell»

****

Eleonora cruzó el umbral de su residencia y, en cuanto la puerta se cerró, se desplomó en un sillón de terciopelo. El llanto, que había contenido con una fuerza sobrehumana durante la junta, brotó de forma amarga y violenta, sacudiendo sus hombros. Su hombre de confianza, que había entrado tras ella en silencio, la observó con una mezcla de respeto y preocupación.

—Señora, no habló en todo el camino de regreso —comentó él, esperando a que ella recuperara un poco el aliento.

Eleonora se cubrió el rostro con las manos, tratando de detener el flujo de lágrimas, pero el contacto de la piel de Dominic en su palma todavía ardía en su memoria.

—Lo vi... lo toqué —sollozó ella con la voz rota—. Estuve frente a él y no me reconoció. Fue como si un abismo nos separara. Me impactó tanto que perdí el control; creo que Grace incluso se puso celosa por la forma en que lo sostuve.

El asesor asintió, comprendiendo la peligrosidad de ese primer encuentro.

—Tiene que hablar con ella, señora. Grace es la clave —le aconsejó con tono grave—. Además, tengo nuevos informes. Tanto su hijo como la abuela están investigando sobre usted. Han empezado a rastrear sus movimientos y su origen.

Eleonora se enderezó, limpiándose las lágrimas con un pañuelo de seda, mientras su mirada recuperaba parte de esa frialdad aristocrática que la caracterizaba.

—Que Dominic sepa lo que sea necesario, nada que nos comprometa antes de tiempo —sentenció ella, respirando hondo para estabilizar sus latidos—. Pero le haré una visita a Charlotte. Esa mujer necesita saber que su tiempo de gloria terminó.

Cap. 135: No me interesa saber de ella. 1

Cap. 135: No me interesa saber de ella. 2

Cap. 135: No me interesa saber de ella. 3

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La amante despreciada del CEO