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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 184

En una suite privada del hospital, la vieja Charlotte descansaba sobre las almohadas, conectada a un monitor cardíaco que registraba un ritmo perfectamente normal, fingiendo un colapso de salud para blindarse de cualquier sospecha legal por el ataque. La puerta se abrió despacio y André entró a la habitación, con el rostro pálido y visiblemente tenso.

Se aseguró de cerrar con seguro antes de acercarse a la cama.

—Le traigo malas noticias, señora —anunció André en voz baja, inclinándose hacia ella—. Se desató el caos en ese apartamento. El plan fracasó. No pudieron llevarse ni a Grace ni a los niños.

Charlotte se incorporó de golpe, olvidando por completo su papel de enferma terminal. Sus ojos se inyectaron en rabia.

—¡¿Qué estás diciendo?! —siseó entre dientes—. Tenían todo a su favor.

—La seguridad de Maxwell Foster intervino y luego llegó la de Dominic —explicó André, limpiándose el sudor de la frente—. Apresaron a varios de los hombres que contratamos. Foster fue herido de gravedad, cayó al piso... y no sé qué pasa con Grace, pero también se la llevaron de urgencia a este mismo hospital. Iba sangrando.

—¡Ineptos! ¡Malditos idiotas ineptos! —maldijo Charlotte, apretando las sábanas con las manos temblorosas de la pura furia—. Tenían una sola tarea y lo arruinaron todo.

De inmediato, el pánico la hizo reaccionar y clavó su mirada calculadora en su cómplice.

—Pero no dijiste mi nombre, ¿verdad? Nadie sabe que fui yo la que ordenó esto.

—No, señora, quédese tranquila —le aseguró André de inmediato—. Esos hombres no saben que fuimos nosotros. Al contratarlos di un nombre falso y jamás me vieron la cara directamente. El rastro está limpio.

Charlotte exhaló un suspiro de alivio y se recostó de nuevo en las almohadas, recuperando su semblante frío y maquiavélico. Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios delgados.

—Bien. No importa. De todos modos, a mí no me pueden acusar de nada, estoy aquí internada y supuestamente grave —sentenció con frialdad—. Ahora, muévete. Dile a una de las empleadas de la casa que llame a Dominic. Que lo llamen desesperadas para avisarle que estoy aquí metida, muriéndome por un supuesto preinfarto. Hay que desviar su atención y hacerme la víctima.

—De inmediato, señora —asintió André, dando media vuelta para salir a cumplir la orden.

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Cap. 184: Plan fallido. 1

Cap. 184: Plan fallido. 2

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