Entrar Via

La amante despreciada del CEO romance Capítulo 206

Un mes pasó volando desde que la tormenta legal y médica que amenazaba con destruirlos se disipó por completo. La condesa finalmente había sido dada de alta de la clínica, luciendo un semblante mucho más vital gracias a su corazón nuevo, el cual latía con una fuerza renovada que sorprendía a los propios médicos. Maxwell, totalmente recuperado del impacto de bala, disfrutaba de su libertad en el apartamento junto a Sarah y Arthur, lejos de las garras de Arthur Colleman.

Por su parte, Dominic se había enterado de la crisis mental de su abuela Charlotte. Al principio dudó, conociendo la capacidad de manipulación de la anciana, pero los informes médicos definitivos confirmaron que en verdad había perdido la razón, quedando recluida bajo cuidado psiquiátrico estricto. Dominic aceptó el diagnóstico con una fría resignación; ya no había nada que él pudiera hacer por ella.

Esa tarde, la estancia principal de la hermosa y amplia mansión de la condesa albergaba una reunión inusualmente amena, dejando atrás los días de encierro en la casa de seguridad. Sentados en la alfombra, rodeando la gran butaca donde la condesa descansaba, los tres niños la miraban con una curiosidad insaciable. Derek y Doménica, sus nietos biológicos, la observaban con adoración, mientras que Arthur, el nieto adoptivo que se había criado bajo el ala de Dominic, se mantenía muy cerca, fascinado por el aura de la elegante mujer.

—A ver, abuela... —soltó Doménica, apoyando la barbilla en sus manos de forma pensativa—. Si eres una condesa de verdad, ¿por qué no vivimos en un castillo con murciélagos?

—¿Y es verdad que el conde Drácula no es tu esposo? —intervino Arthur con los ojos muy abiertos, provocando que la condesa soltara una risa suave y aristocrática, acariciándole el cabello castaño que ya le crecía con fuerza al pequeño.

—No, mis amores, el conde Drácula es solo un cuento —explicó la condesa, divertida con las ocurrencias de sus nietos—. Ser condesa es un título noble de nuestra familia en Europa, pero no tenemos vampiros en el sótano, se los prometo.

—Qué aburrido —rezongó Derek, cruzándose de brazos—. Yo quería que tuviéramos un escudo de armas con dragones.

Mientras las risas de los niños llenaban la sala, en la cocina el ambiente era un poco más reservado pero pacífico. Sarah se encargaba de rebanar unas frutas, mientras Grace, con sus tres meses de embarazo empezando a notarse apenas, preparaba un té de tila. Aunque entre ellas aún no existía una relación estrecha debido al turbulento pasado, la intención de cambiar las cosas flotaba en el aire.

—Grace... quería agradecerte por recibirnos hoy —comenzó Sarah, rompiendo el hielo con timidez y dejando el cuchillo de lado—. Sé que las cosas entre nosotros comenzaron de la peor manera posible, pero de verdad me gustaría que intentáramos ser amigas. Maxwell y Dominic dejaron sus rivalidades, y quiero que entre nosotras tampoco exista eso.

Grace se giró despacio, sosteniendo la taza caliente entre sus manos. Miró la sinceridad en los ojos de Sarah y suavizó la expresión, dispuesta a darle una oportunidad real a esa nueva etapa.

—El pasado quedó atrás, Sarah —le aseguró Grace con una sonrisa cálida—. Lo importante es que Maxwell está a salvo y que los niños se adoran. No tienes que agradecer nada, esta también es tu familia a partir de ahora. Nuestros hijos se quieren y comparten a sus papás, eso me llena de alegría, así que todos aprendimos la lección. ¿Me ayudas a llevar esto a la mesa?

Sarah sonrió y asintió.

Después de la amena comida, todos regresaron a la estancia principal para compartir el postre. Dominic esperó a que los niños terminaran de acomodarse en la alfombra y, tras intercambiar una mirada cómplice y cargada de absoluto cariño con Grace, dio un paso al frente y aclaró la garganta para llamar la atención del grupo.

—Bueno, aprovechando que estamos todos reunidos y en familia, queremos darles un anuncio muy importante —comenzó Dominic, rodeando la cintura de Grace con el brazo y sonriendo con orgullo—. Grace y yo hemos decidido que ahora que ya salió la anulación del matrimonio entre ustedes. —Se refirió al matrimonio de Grace y Maxwell—. No hay motivos para seguir esperando. Nos vamos a casar en un mes.

Cap. 206: De tal palo, tal astilla. 1

Cap. 206: De tal palo, tal astilla. 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La amante despreciada del CEO