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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 401

En ese instante, todos en el salón se quedaron atónitos.

Las miradas de todos se clavaron en ella, llenas de una curiosidad palpable.

A medida que se acercaba, su cara de una belleza cautivadora se fue revelando ante ellos.

Tenía unos rasgos increíblemente atractivos: una cara ovalada perfecta, ojos almendrados, cejas delicadamente arqueadas y, bajo una nariz recta, unos labios de un rojo natural. Su piel era tan blanca que casi parecía brillar.

Lucía un vestido de noche de un blanco puro, con un corte que dejaba los hombros al descubierto y revelaba unas clavículas delicadas y un cuello largo y esbelto. A pesar de no llevar joyas llamativas, su presencia era deslumbrante, irradiaba luz propia.

Todo en ella, hasta el último de sus cabellos, desprendía un aura de encanto.

Era de una belleza que te dejaba sin aliento.

Con cada paso que daba, la curiosidad en los ojos de los presentes se transformaba en pura admiración.

—¿Y esa quién es?

—¿Es Amelia?

—Creo que sí es Amelia, la vi en la fiesta de bienvenida de la familia Solano.

—¡Carajo! ¿Desde cuándo Amelia se puso así de guapa?

—¡Y yo que pensaba que no se atrevería a venir! No puedo creer que de verdad esté aquí.

—¡La verdad es que Amelia es muy atractiva!

—¿Atractiva? ¿Y eso de qué le sirve? ¡Su reputación es tan pésima que me da asco!

Observando la figura que se aproximaba, Alejandra Garza entrecerró los ojos, una expresión de incredulidad cruzó por su mirada.

¡Era Úrsula Méndez!

Increíble, de verdad era Úrsula.

Alejandra también estaba sorprendida; al igual que todos en el salón, había asumido que Úrsula no tendría el valor de presentarse.

Después de todo, la fiesta de cumpleaños de esa noche era para Úrsula como caminar hacia el patíbulo.

Si ella estuviera en su lugar, se habría escondido en un caparazón de tortuga.

Bien escondida.

Para que nadie la encontrara.

¡No soportaría semejante humillación!

—Esa es mi hermana, Amelia. Díganme, mis queridos seguidores, ¿a que mi hermana es muy guapa?

La voz de Alejandra seguía siendo increíblemente dulce, como si de verdad considerara a Úrsula su hermana.

Al escuchar las palabras de Alejandra, la dirección de los comentarios cambió de inmediato.

[¿Amelia? ¿Esa es Amelia? ¡Qué desperdicio de cara!]

[¡Ya sé por qué vino! ¡Seguro que Amelia piensa que por ser guapa puede aparecer en el canal de Ale, ganar fama por el escándalo y convertirse en una gran streamer como ella!]

[¡Maldita sea! ¡Qué tipa tan calculadora!]

[¡Qué asco! ¿De verdad cree que por ser guapa puede llegar a ser como Ale, una streamer con millones de seguidores?]

[Ya entendí, ¡algunas personas quieren hacerse famosas solo por su cara!]

[Arpía descarada.]

[...]

Al notar el cambio en el tono de los comentarios, Alejandra se apresuró a aclarar:

—No, chicos, de verdad se equivocan. Mi hermana no es así, en el fondo es muy buena. Aunque esta vez se dejó llevar un poco por la ambición, les aseguro que no es la clase de mujer calculadora que ustedes piensan. Confío en ella; después de todo, nunca ha hecho nada para lastimarme.

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