Wendy miró hacia la puerta y, una vez que se aseguró de que Aurora se había ido, habló: —¡Mamá, ha pasado algo muy grave!
—¿Algo grave? —preguntó la abuela Barragán, extrañada.
Wendy bajó la voz. —Álvaro despertó.
—¿Álvaro? —La abuela Barragán se quedó perpleja por un instante—. ¿Quién es Álvaro?
Habían pasado tantos años... La anciana ya no lo recordaba con claridad.
—Pues es...
Antes de que Wendy pudiera terminar la frase, la anciana pareció recordar algo y entrecerró los ojos. —¿Te refieres a los Solano de Villa Regia?
—Sí —confirmó Wendy, con el rostro lleno de preocupación—. Mamá, si Álvaro ha despertado, ¿tú crees... crees que podría pasar algo?
—¿Qué podría pasar? Ellos están en Mareterra y nosotras en el País del Norte. —La abuela Barragán esbozó una sonrisa de superioridad—. ¡No lo olvides! Nosotras tenemos el respaldo de la familia real. Por mucho que quieran, los Solano no tienen el poder para llegar hasta aquí.
Por muy poderosos que sean los Solano, su influencia se limita a Mareterra. Fuera de allí no son nadie. Incluso un león fuera de su territorio es presa fácil. Y mucho menos una familia insignificante como los Solano.
Al llegar a este punto, tomó la mano de Wendy y, con un tono solemne, le dijo: —Ay, Wendy, hija mía, pero un día yo ya no estaré. Cuando llegue ese momento, la familia dependerá de ti. Los Avery tienen diez duques solteros. Si te esfuerzas y logras que uno de ellos se fije en ti, ¡toda la familia Barragán estará orgullosa de ti!
—Mamá... —suspiró Wendy—. No es tan sencillo como lo pintas. Ya tengo treinta y cinco años.
Por muy bien que se cuidara, no podía ocultar su edad. Una mujer de treinta y cinco no puede competir con una de veinticinco.
La verdad era que, si Wendy seguía soltera, era porque albergaba la esperanza de usar la conexión de la familia con la realeza para casarse con alguien de la alta nobleza.
La abuela entrecerró los ojos. —Treinta y cinco no es nada. La histórica duquesa Juana era diecisiete años mayor que el rey Alfonso. Y tú solo eres diez años mayor que el duque Wyll, el más joven de los hermanos. La edad no debería definir a una mujer, ¡lo que importa es el carisma y la elegancia! No te menosprecies. Eres hija de Azucena Barragán. Casarte con un duque, o incluso con un conde, está más que a tu alcance.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...