Los tres miembros de la familia Salinas se quedaron completamente mudos y atónitos.
—¿C-cómo es posible...? —murmuró Luisa, dándose un pellizco tan fuerte que casi se le salen las lágrimas de dolor.
Pero era real.
La mujer que estaba ahí sentada, firmando los documentos y dándose un apretón de manos con el director Córdova para sellar el acuerdo, era Esperanza.
Su Esperanza.
Aunque trajera un atuendo más profesional, Luisa podía reconocer perfectamente que se trataba de ella; la misma mujer que había sido su nuera durante cuatro años.
La misma que trataban como a una sirvienta y a la que mandaban sola a la cocina a preparar todo en cada cena familiar.
—¿Esperanza? ¿Ingeniera en jefe? —Luisa sacudió la cabeza, convencida de que estaba sufriendo una alucinación—. ¿No se suponía que la líder del proyecto era Carolina?
Se giró hacia su marido, desesperada.
—Oye, ¿y dónde está Carolina? ¡No la veo por ningún lado! ¿Seguro que no le pusiste a otro canal?
Florencia la secundó:
—Sí, papá, de seguro te equivocaste de canal.
¡Era totalmente imposible! ¡No tenía ni pies ni cabeza!
—¡Me niego a creerlo! ¿Cómo va a estar metida en investigaciones científicas alguien como ella, que solo sirve para lavar, cocinar y atender a su marido? —soltó Luisa.
¿Una eminencia en la tecnología? Por favor. Era un chiste de muy mal gusto.
La verdadera experta era Carolina, ¿cómo demonios había terminado siendo Esperanza?
La ceremonia de la firma ya había concluido. Aparte de los noticieros de televisión, la noticia de la alianza estratégica entre el Proyecto Nexo y el Grupo Córdova ya se había vuelto viral en los celulares.
Todas las redes sociales y aplicaciones de mensajería tenían la noticia en primera plana.
La foto principal mostraba a Esperanza y a Benicio estrechándose la mano.
En cuestión de minutos, la sección de comentarios se inundó de felicitaciones y mensajes de apoyo.
Al ver la abrumadora cantidad de reportajes, a Rubén no le quedó de otra más que aceptar la cruda realidad.
Resulta que Esperanza era la única que de verdad podía impulsar la carrera de su hijo.
Ella era la que realmente podía darle prestigio y poder a la familia Salinas.
Ella era la verdadera mujer que estaba a la altura de Valentín.

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