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La Científica que Él Llamó "La Sirvienta" romance Capítulo 233

Los tres miembros de la familia Salinas se quedaron completamente mudos y atónitos.

—¿C-cómo es posible...? —murmuró Luisa, dándose un pellizco tan fuerte que casi se le salen las lágrimas de dolor.

Pero era real.

La mujer que estaba ahí sentada, firmando los documentos y dándose un apretón de manos con el director Córdova para sellar el acuerdo, era Esperanza.

Su Esperanza.

Aunque trajera un atuendo más profesional, Luisa podía reconocer perfectamente que se trataba de ella; la misma mujer que había sido su nuera durante cuatro años.

La misma que trataban como a una sirvienta y a la que mandaban sola a la cocina a preparar todo en cada cena familiar.

—¿Esperanza? ¿Ingeniera en jefe? —Luisa sacudió la cabeza, convencida de que estaba sufriendo una alucinación—. ¿No se suponía que la líder del proyecto era Carolina?

Se giró hacia su marido, desesperada.

—Oye, ¿y dónde está Carolina? ¡No la veo por ningún lado! ¿Seguro que no le pusiste a otro canal?

Florencia la secundó:

—Sí, papá, de seguro te equivocaste de canal.

¡Era totalmente imposible! ¡No tenía ni pies ni cabeza!

—¡Me niego a creerlo! ¿Cómo va a estar metida en investigaciones científicas alguien como ella, que solo sirve para lavar, cocinar y atender a su marido? —soltó Luisa.

¿Una eminencia en la tecnología? Por favor. Era un chiste de muy mal gusto.

La verdadera experta era Carolina, ¿cómo demonios había terminado siendo Esperanza?

La ceremonia de la firma ya había concluido. Aparte de los noticieros de televisión, la noticia de la alianza estratégica entre el Proyecto Nexo y el Grupo Córdova ya se había vuelto viral en los celulares.

Todas las redes sociales y aplicaciones de mensajería tenían la noticia en primera plana.

La foto principal mostraba a Esperanza y a Benicio estrechándose la mano.

En cuestión de minutos, la sección de comentarios se inundó de felicitaciones y mensajes de apoyo.

Al ver la abrumadora cantidad de reportajes, a Rubén no le quedó de otra más que aceptar la cruda realidad.

Resulta que Esperanza era la única que de verdad podía impulsar la carrera de su hijo.

Ella era la que realmente podía darle prestigio y poder a la familia Salinas.

Ella era la verdadera mujer que estaba a la altura de Valentín.

—Ahorita le marco —dijo Luisa. Lo intentó varias veces, pero él no contestó.

Rubén tuvo un mal presentimiento; algo grave debió haber pasado. Trató de calmarse, se levantó del sillón y anunció:

—Voy a salir un rato.

Madre e hija se quedaron confundidas viéndolo salir por la puerta.

Apenas se cerró la puerta, a Luisa le volvió a entrar el nerviosismo.

—¿Crees que la regamos, hija? —murmuró—. Tal vez no debimos insistir tanto para que Valentín y Esperanza se divorciaran. ¿Por qué tuvieron que separarse?

Florencia aún no sabía que el divorcio ya era un hecho legal, así que asumió que su madre solo estaba asustada por el nuevo cargo de Esperanza.

—Mamá, ¡por favor! Aquí la única que tuvo la culpa fue Esperanza. Nos lo ocultó a todos a propósito para hacerse la víctima y luego andar diciendo por ahí que la tratábamos mal.

Luisa asintió, convencida.

—¡Tienes toda la razón! Si tenía un trabajo tan importante, ¿por qué esconderlo? Queda claro que nunca nos consideró como su verdadera familia.

Pero entonces, recordó algo que le dolió en el alma.

—Aunque... seguro le van a dar un bono enorme por esto, ¿verdad? Y todo lo que gane después... —Se mordió el labio, lamentando el dinero perdido—. Si siguieran casados, todo eso sería patrimonio de los dos, ¡la mitad le tocaría a mi hijo!

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