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La conquista de un corazón frio romance Capítulo 4

Al cabo de unas horas de trabajo intenso, donde mis ojos apenas se despegaron de la pantalla y mis dedos volaron sobre el teclado, finalmente terminé con los documentos. No quería perder ni un segundo; quería demostrarle que mi falta de experiencia era compensada con una eficiencia impecable. Me dirigí a la oficina del CEO con el corazón martilleando contra mis costillas. Me detuve frente a la imponente puerta de madera, respiré hondo para estabilizar mis pulmones y llamé con suavidad.

‎—Señor Álvarez, soy Ana. ¿Puedo pasar?

‎—Adelante —resonó su voz desde el otro lado, tan profunda y vibrante que sentí un escalofrío recorrer mi columna.

‎Entré con paso firme, aunque por dentro me deshacía en mil pedazos.

‎—Señor Álvarez, he terminado con los documentos que me encomendó —dije, extendiendo las carpetas con la mano lo más firme posible.

‎Él ni siquiera se molestó en dedicarme un saludo. Se veía serio, con el ceño fruncido, como si cargara con el peso de todo el mundo sobre sus hombros. Ver su rostro tan severo, casi endemoniado por la presión del trabajo, me ponía los nervios de punta. Tomó los documentos de mala gana y comenzó a revisarlos, hojeando cada página lentamente, analizando cada cifra y cada coma con una precisión de cirujano. El silencio en la oficina era sepulcral, roto solo por el roce del papel. Mi corazón latía con una fuerza dolorosa; sabía que un solo error, una tilde fuera de lugar, bastaría para que me mandara al demonio sin miramientos. Su aura era tan gélida y letal que incluso el simple acto de respirar me estaba costando un esfuerzo sobrehumano.

‎De pronto, el hombre alzó la mirada hacia mí. Una sonrisa fina y cruel se dibujó en sus labios, una línea que no transmitía calidez, sino una superioridad que me causó una ansiedad inmediata.

‎—Admito que... —Hizo una pausa eterna, disfrutando de cómo mi rostro palidecía bajo su escrutinio—... estoy impresionado con su habilidad. Es buena, Montalvo. Muy buena.

‎Solté el aire que no sabía que estaba reteniendo, pero mi alivio duró apenas un segundo.

‎—Pero no crea que esto es una victoria —continuó, endureciendo el tono y clavando sus ojos negros en los míos—. Es solo el comienzo. Recuerde mis palabras: un solo error, un solo descuido, y está fuera. Esto que ha hecho hoy —dijo señalando las carpetas— no es suficiente para que yo baje la guardia. Aquí se exige perfección, no intentos.

‎—¿Qué? —solté, incapaz de ocultar mi sorpresa.

‎Había esperado un "gracias" o al menos un gesto menos hostil. Mirando su expresión de hace un momento, estaba convencida de que me echaría a patadas. ¿Acaso este hombre disfrutaba jugando conmigo? ¿Se alimentaba del temor que infundía en sus empleados?

‎Él curvó los labios en una media sonrisa indescifrable, casi burlona.

Capitulo 4 1

Capitulo 4 2

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