C111-SOLO VOY A AMARTE A TI.
Mariam sostuvo su mirada durante tres segundos eternos, luego empezó a moverse.
No fue el baile elegante del salón.
Este era más lento, más íntimo, más provocador. Sus caderas rodaban con una sensualidad natural, las manos subiendo por su propio cuerpo con deliberada lentitud y Zayd no apartaba los ojos ni un segundo. La devoraba con la mirada, descarado, fijándose en cómo la tela se tensaba sobre sus pechos, en el movimiento de sus caderas, en la forma en que el traje se abría ligeramente con cada giro.
Entonces Mariam soltó el broche de la abaya exterior y dejó que cayera al suelo. El traje rojo quedó completamente visible, giró despacio, dándole la espalda, y miró por encima del hombro mientras bajaba la cremallera lateral con una sonrisa pícara.
Zayd se inclinó hacia adelante, con la mandíbula tensa y los puños apretados contra la cama.
Su erección pulsando bajo la tela del thobe.
—Ya Allah… —gruñó, sin apartar la vista de sus nalgas.
Mariam se quitó la parte superior del traje con lentitud, quedando solo en el corpiño ajustado y la falda semitransparente. Se acercó más, rozándole el hombro con las yemas de los dedos al pasar, pero sin dejar que la tocara.
Zayd intentó agarrarla, pero ella se alejó riendo suavemente.
—No tan rápido, Jeque —susurró, provocadora.
Siguió moviéndose, Zayd ya no aguantaba más, la vena de su sien palpitaba con fuerza, por eso cuando Mariam pasó de nuevo frente a él, la agarró por la cintura con ambas manos y la jaló contra su cuerpo con fuerza.
—Terminó el baile —gruñó contra sus labios.
Mariam cayó sobre su pecho, riendo triunfante y sintiendo claramente cómo su erección presionaba contra ella.
—¿Ahora obedeces a tu esposa? —preguntó con picardía, rozando sus labios contra los de él.
Zayd la miró con los ojos completamente negros de deseo.
—Ahora tomo lo que es mío.
La besó con fuerza, devorándola.
Sus manos bajaron hasta sus nalgas y las apretaron con posesividad mientras la tumbaba sobre la cama, Mariam se arqueó contra él, respondiendo al beso con la misma hambre.
Entonces él se separó apenas para mirarla desde arriba, respirando agitado.
—Te amo, Mariam. Solo voy a amarte a ti...
(…)
En su casa, Yasmine agarró el bolso de la silla, se ajustó el shayla frente al espejo del recibidor y dio tres pasos hacia la puerta.
—¿Yasmine?
Se detuvo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!