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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 12

C12: LA DESEABA A ELLA.

Afuera de la puerta, Jade llevaba diez minutos escuchando.

Un jadeo, luego otro.

Sus dedos se apretaron alrededor del brazalete de oro que sostenía.

Lo apretó más.

Más.

Hasta que el borde del cierre se hundió en su palma y dos gotas de sangre cayeron sobre el mármol blanco del suelo.

—¡Ah! —escuchó otro gemido y el dolor en su pecho no hizo más que crecer.

«Te odio» El pensamiento llegó como una sentencia. «Te odio, Mariam Sabag, con cada hueso de mi cuerpo. Llegaste a quitarme lo único que era mío, pero te juro por todo lo que es sagrado que voy a sacarte de este palacio aunque tenga que arrastrarte por el desierto yo misma.»

Otro gemido se filtró por la madera.

«Y ese niño» La mirada se oscureció hasta volverse algo que no tenía nombre amable. «Puede que no llegue a nacer».

(…)

Al día siguiente, la luz de la mañana entró por las cortinas antes de que Mariam abriera los ojos. Se movió despacio, con las sábanas enredadas alrededor de su cuerpo y extendió el brazo hacia el otro lado de la cama por instinto.

Estaba vacío y ella soltó el aire.

—Gracias a Dios —murmuró—. No tengo que ver tu guapa y odiosa cara.

Cerró los ojos de nuevo y fue un error.

Porque en el momento en que los párpados cayeron, la noche anterior volvió en orden cronológico y sin piedad.

«Zayd la había besado con una urgencia que no pedía permiso y ella aunque estuvo a una pizca de ceder a sus sentimientos, no lo hizo. En cambio forcejeó. Sus manos golpearon su pecho, más de una vez, pero él era una pared y la pared no se movió. Entonces como último recurso, abrió la boca y clavó los dientes en su labio.

Duro. Sin aviso. Y con toda la intención de lastimarlo.

La sangre fue inmediata, tanto que se mezcló en sus bocas y Zayd se apartó de golpe, llevándose dos dedos al labio.

—Labwah. (Tigresa.) —dijo, con la voz entre el asombro y algo más oscuro.

Mariam rodó hacia el borde de la cama, se sentó, se pasó el dorso de la mano por la boca y lo miró con toda la indiferencia que tenía reservada para él.

—Te dije que no me tocarías. —Su voz no tembló—. Y… yo no rompo mis promesas. Así que si tienes tantas ganas de desahogarte, ve con tu primera esposa. Jade estará más que complacida de abrirte las piernas. Yo no.

Él no respondió, se quedó mirándola, con la sangre en el labio y algo en los ojos que no era rabia limpia sino algo más complicado y más difdifícil de manejar.

Su cuerpo la quería.

Eso no era negociable ni silenciable.

Pero había algo más, algo que se negaba a sacar a la luz, algo que tenía que ver con el hecho de que no era a Jade a quien quería esa noche.

No era a ella.

Así que tragó y limpió más sangre con su lengua.

—No puedo irme —dijo al fin—. El consejo, mi padre, todos esperan que esta noche se consuma. Y el niño necesita una historia que tenga sentido, ¿no lo pensaste?

Mariam se alzó de hombros.

—Ese problema es tuyo, no mío. Tú me trajiste aquí, así que arréglátelas. Pero una cosa sí te digo: no vas a dormir en esa cama.

Zayd alzó una ceja.

—¿Pretendes que duerma en el suelo?

—Es una opción.

—No soy un perro.

—Señor jeque, un perro sería demasiada comparación. —chasqueó la lengua con desprecio—. Tú eres menos que eso.

La mandíbula de Zayd se apretó tan fuerte que el músculo de su mejilla pulsó dos veces. Y en ese instante, sin que nadie se lo dijera, descubrió algo que doblegar a Mariam Sabag no iba a ser tarea fácil.

Ni fácil ni rápida.

Pero no imposible.

Sin decir nada más, se giró y entró al baño, cerrando la puerta con un golpe. Entonces Mariam soltó el aire y luego fue por el teléfono.

La pantalla estaba muerta, se había roto en el forcejeo y ahora el teléfono no respondía a nada.

—No, no, no —murmuró, presionando el botón lateral una y otra vez—. Alá, hazme la vida fácil, ¿no? ¿Qué tienes contra mí?

Lo sacudió. Nada. Lo presionó más fuerte. Nada.

—¡Maldita sea! —escupió viendo su única salida esfumarse.

De repente escuchó movimiento detrás de la puerta del baño y escondió el teléfono bajo el colchón, cruzó la cama en cuatro pasos, se metió y apagó la lámpara.

Cerró los ojos y reguló su respiración.

Entonces, la puerta se abrió y llegó el sonido de algo moviéndose. Mariam esperó el ruido de sábanas arrastrándose hacia el suelo.

En cambio, lo que sintió fue el colchón hundirse a su lado, se giró en el acto.

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