C80- DECISIONES IRREVERSIBLES
Zayd no apartó los ojos de Mariam ni un segundo.
—Hazem.
Su primo lo entendió de inmediato, se acercó a Yasmine y le tomó el brazo con firmeza.
Yasmine no forcejeó. No era su estilo, ella enfrentaba las consecuencias de sus actos.
Pero antes de moverse buscó los ojos de Mariam y le sostuvo la mirada durante un segundo.
«Estoy aquí. No te suelto»
Eso fue lo que dijo sin abrir la boca.
Mariam dejó caer una lágrima, la puerta no se había cerrado todavía cuando Zayd habló de nuevo, esta vez dirigiéndose a los dos guardias que quedaban junto a la entrada.
—El americano salió por algún corredor de este hotel. Encuéntrenlo. —Una pausa de medio segundo—. Y tráiganmelo.
Los hombres asintieron y desaparecieron, finalmente la puerta se cerró.
El silencio que quedó era denso y pesado y completamente distinto al de hacía treinta segundos. Ahora eran solo ellos dos, y no había nadie más detrás de quien esconderse.
Zayd seguía de pie junto a la entrada. No se había movido desde que entró y la seguía mirando con esos ojos que Mariam conocía en todas sus versiones, pero esta era una que no había visto antes.
No era la frialdad del jeque en una negociación.
No era la distancia calculada del hombre que controlaba cada cosa a su alrededor.
Era algo más brutal que todo eso.
Era un hombre que ardía por dentro y lo sostenía con los dientes apretados.
Los celos le cruzaban la cara en oleadas que él no podía esconder aunque lo intentara. Y debajo de los celos había algo más, algo que dolía más que la rabia: la imagen de ella en ese hotel, con ese hombre, eligiendo salir del palacio a escondidas en lugar de decirle la verdad a la cara.
Dio un paso hacia ella.
—¿Ibas a irte…? Con mi hijo adentro ¿ibas a subirte a ese jet?
El cuarto de empleados del nivel de servicio, Kareem cerró la puerta detrás de ellos y abrió un casillero sin decir nada. Sacó un conjunto doblado y se lo extendió a Baron con una expresión neutral, la de alguien que ha aprendido a no hacer preguntas.
—Use esto. —Le habló en un inglés básico y directo—. Será mejor para usted. Y mantenga la cabeza baja.
Baron tomó la ropa sin mirarla.
Eran prendas saudíes sencillas, una thobe gris sin marca, un ghutra blanco sin cordón. La ropa de cualquier hombre del servicio, de cualquier trabajador anónimo que nadie miraría dos veces en los corredores de un hotel de lujo.



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