—De verdad te conseguiste una nuera de lujo, ¿eh? Quién iba a imaginar que todas las acciones de Mariano en Grupo Guzmán estarían a nombre de ella.
Al otro lado del teléfono, la risa grave de un hombre resonó con fuerza.
—En el tema de ser tan entregado, ese muchacho sí que salió igualito a mí.
—Lástima que se enamoró de una mujer que no tiene idea del mundo.
—No como tú, tan lista, sabiendo cambiar de fachada y esconderte bajo las narices de Catalina.
Viviana se sintió halagada, con una sonrisa tan amplia que parecía que le habían dado el mejor de los regalos.
...
Apenas Begoña salió del despacho de abogados, su escolta notificó de inmediato a Mariano sobre sus movimientos.
—Señor, la persona que recibió a la señora es Viviana, una abogada corporativa de Atlantis Asesores Legales —informó el guardia—. ¿Desea que investiguemos qué negocio le encargó exactamente?
—No hace falta —respondió Mariano, mirando desde lo alto del rascacielos más imponente de Nueva Almería, como si todo el mundo estuviera a sus pies—. Seguramente está planeando regalarle a Agustín una de sus propiedades por su cumpleaños.
—Y asegúrense de que la fiesta de Agustín sea todavía más espectacular esta vez. Coordínense con el área de relaciones públicas. Quiero que mi esposa esté contenta.
—Mientras no vaya a buscar a Álvaro, no tienen que reportarme nada más. Solo cuiden que esté segura.
Colgó la llamada y se volvió hacia el hombre sentado frente a él.
—Sigue —ordenó.
El detective, con un movimiento rápido, se arrodilló a los pies de Mariano.
—Discúlpeme, señor Mariano.
—Mientras investigaba el caso del terremoto en Santa Clara del Mar, los de Red Fantasma me encontraron. Me presionaron para que les dijera quién estaba detrás y qué buscaba.
—Pero no solté nada, de verdad. Ellos revisaron mi celular y mi computadora, y así fue como llegaron hasta usted.
—Fue mi culpa, por eso la señora terminó secuestrada por ese grupo desconocido...
El detective, entre lágrimas, apenas podía hablar.
—Se lo juro, señor, jamás lo traicioné.
—¿Y qué descubriste? —preguntó Mariano, sin perder la calma.
El detective captó la oportunidad de redimirse y contestó con apuro:

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