Mariano soltó a Begoña sorprendido.
—¿Qué pasa, amor?
—Me das asco.
La mirada de Begoña se deslizó hasta la mancha de lápiz labial en el cuello de la camisa de Mariano.
Mariano siguió la dirección de su mirada y, al tocar el cuello de su camisa, recordó el momento en que Rosario intentó besarlo y él lo esquivó, dejando la marca justo ahí. Sus ojos se entrecerraron, una sombra peligrosa asomó en su mirada.
—Amor, fue por el pleito de hace rato, me manché sin querer —Mariano sacó su celular, dispuesto a buscar a alguien que lo ayudara a inventar una excusa, como solía hacer.
Pero Begoña ni siquiera quiso mirarlo actuar, le dio la espalda y se marchó sin decir nada más.
Mariano la siguió al instante.
Durante todo ese momento, Dolores mantuvo la cabeza baja, sin atreverse a respirar fuerte.
...
En el tercer piso, en la recámara principal.
—Amor, en este momento me voy a bañar y cambiar de ropa —dijo Mariano, tratando de limpiarse y evitar más desprecio por parte de su esposa.
Begoña estaba sentada en el sofá, el rostro oculto en la penumbra.
—Desde que mi mamá murió, tú te encargaste de todas sus cosas. Quiero saber exactamente qué había —dijo con voz apagada.
El semblante de Mariano fue tan impasible como siempre.
—¿Por qué preguntas eso de repente?
—El cumpleaños de Agustín está cerca y quiero darle un regalo que valga la pena —respondió Begoña sin emoción.
—Las joyas y las cuentas de tu mamá están en la caja de seguridad del banco. Mañana te llevo a recogerlas —Mariano dijo esto mientras salía con el celular rumbo al baño.
Begoña se levantó y se acercó a la puerta del baño. Desde dentro, escuchó la voz de Mariano.
—Mañana haz los trámites, llevo a mi esposa al banco. Nos acompañas a la caja de seguridad a mi nombre, solo di que son cosas que la señora Noemí, mi suegra, dejó para nosotros —Mariano le daba instrucciones al gerente del banco por teléfono.
Al oírlo, la mirada de Begoña perdió el brillo.
Su madre tenía muchas joyas y, al dejar Pueblo Salado, había traído más de diez millones en ahorros; después de comprar un departamento, aún quedaban ocho millones. Además, poseía empresas y muchos bienes raíces en Pueblo Salado.
Cuando su madre falleció, le pidió a Mariano que se encargara de todo.
¿Y ahora, aparte de esa póliza enorme, ya no quedaba nada?

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