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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 169

—¡Sí!

En cuanto los guardaespaldas irrumpieron en el aeropuerto, una fila de agentes de seguridad perfectamente alineados y con una presencia imponente les bloqueó el paso.

—Este es un aeropuerto militar, sin órdenes no pueden entrar.

Apenas terminó de hablar, el silencio de la noche fue cortado por el arco blanco de varias luces: una tras otra, las aeronaves comenzaban a despegar.

Mariano alzó la vista hacia el cielo profundo, su mirada oscura reflejaba la tensión y el peligro que lo envolvían.

—¡Entren de cualquier modo!

No estaba dispuesto a dejar pasar la mínima posibilidad de encontrar a su esposa.

Sin dudarlo ni un instante, los guardaespaldas se lanzaron contra los agentes de seguridad.

El enfrentamiento cuerpo a cuerpo estalló, y Mariano cruzó entre la confusión como si nadie pudiera detenerlo, avanzando directo hacia la torre de control.

Ahí debía haber cámaras; cualquier persona que hubiera pasado por el aeropuerto habría quedado registrada.

Fue entonces que Álvaro, acompañado de Joaquín, apareció y le bloqueó el paso.

—¿Estás loco? ¿Te atreves a armar un alboroto aquí?

Álvaro no iba a permitir que Mariano avanzara ni un paso más.

La mirada de Mariano se posó de inmediato en el cuello de Joaquín. Sus ojos se entrecerraron al reconocer la cadena.

—Esa es la cadena favorita de mi esposa. Ella tiene que estar en este aeropuerto. Entréguenme a la persona.

Álvaro, que había estado en el salón de fiestas y sabía lo que Mariano le había hecho a Begoña, lo encaró con un tono cortante.

—No tengo idea de dónde está Begoña y, aunque lo supiera, no te diría nada. Después de todo lo que le hiciste, ¿de verdad crees que te va a perdonar y va a regresar contigo?

Los ojos de Mariano destellaron con una frialdad punzante, el aire a su alrededor parecía congelarse.

—Quítate de mi camino.

—¡Mariano! Has hecho cosas imperdonables. Si tuvieras un poco de dignidad, dejarías de buscarla. Aunque la encuentres, Begoña no va a volver contigo. Mejor suelta todo de una vez.

Apenas Álvaro terminó de hablar, una sombra oscura lo embistió. Mariano le lanzó un golpe que lo derribó.

Mariano emanaba una hostilidad que se sentía en el ambiente, su mirada era un pozo profundo y su voz, más cortante que nunca.

—Mi esposa me va a escuchar, va a perdonarme, va a volver conmigo.

Su obsesión lo tenía atrapado, un hechizo que no lo dejaba respirar. Sentía que si soltaba ese lazo, su corazón se rompería en mil pedazos.

Sin mirar atrás, Mariano entró a la torre de control.

Los guardaespaldas lo siguieron, sometieron al personal y accedieron a las cámaras de seguridad.

—Señor, aquí están los líderes de varios países —uno de los guardaespaldas se sobresaltó—. Y también Simón.

Mariano no apartaba la vista de los monitores. Treinta minutos antes, los representantes extranjeros habían llegado y abordado los aviones. Entre ellos estaba Simón, que había bajado de un carro y, junto a él…

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