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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 185

Pero allá donde ella iba, nunca permitía que las cámaras la captaran.

Sus ojos seguían a Mariano, pero de pronto su mirada se desvió, persiguiendo una mancha blanca a lo lejos.

Él notó los tulipanes que ella había dejado.

Pasó la mano sobre las hojas, notando la humedad, y sin poder controlarse, agarró al jefe de los guardaespaldas del cuello de la camisa.

—Mi esposa estuvo aquí hace un momento. Encuéntrenla ya.

—¡Sí, señor!

De repente, un llanto de bebé rompió el silencio detrás de él.

Begoña tapó la boca de Josefa y miró hacia Mariano.

Mariano no la vio. En cambio, alcanzó a distinguir una figura vestida de blanco que salía por la puerta trasera y se subía a un carro negro.

Se lanzó tambaleando hacia la salida.

Vio, impotente, cómo el carro negro desaparecía en la esquina. La angustia de estar tan cerca y no poder alcanzarla le rasgó el alma. Cayó de rodillas, el dolor lo venció y murmuró con voz quebrada:

—Amor, no te vayas… Dame otra oportunidad, por favor…

Media hora después, el jefe de los guardaespaldas regresó.

—Señor, el chofer de ellos conoce bien la zona y nosotros...

—¿La perdieron?

Mariano se desplomó en el suelo. La cara se le llenó de arrepentimiento y desesperación.

Los guardaespaldas pidieron ayuda. Lo subieron a una ambulancia.

En sus oídos resonaban los comentarios de los guardaespaldas.

—En las cámaras, la señora lleva un anillo en el dedo anular.

—El bebé que el hombre llevaba en brazos parece tener casi un año.

—Parece que la señora, en cuanto se fue de la casa, se casó con otro y ya tuvo un hijo.

—Parece que la señora ya no quiere saber nada de nuestro jefe.

—Shh, ya basta —el jefe de los guardaespaldas los detuvo de inmediato.

Escuchando esas palabras, la mano de Mariano bajó lentamente hasta su pecho. Cerró los ojos y una lágrima rodó por su mejilla, el dolor lo consumía por dentro.

Por fin estaba probando el mismo sufrimiento que ella había vivido.

El monitor cardíaco emitió un pitido agudo: —¡Bip!—. El corazón se detuvo.

Begoña, sosteniendo a Josefa en brazos, se fue sin volver la vista atrás.

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