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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 194

Mariano soltó la mano, completamente desanimado.

—Perdón, te confundí con otra persona.

La mujer le dedicó una leve sonrisa.

—No pasa nada.

En ese momento, Betina llegó corriendo, notando el ánimo caído de Mariano.

—Beti, hoy no me siento bien, así que no te voy a acompañar de compras —dijo Mariano con voz apagada.

Betina no quiso insistir. Observó la figura solitaria de Mariano alejándose y sintió una punzada de tristeza.

¿Quién podría ser la mujer capaz de herir así a un hombre tan entregado?

Suspirando, Betina regresó a la caja para pagar.

—¿Mi amigo, el que estaba conmigo hace rato, ya eligió algo? —preguntó.

—Justo se decidió por el vestido elegante que la señorita estuvo probándose —respondió la dependienta, señalando a Begoña, quien salía del probador.

Begoña llevaba puesto un vestido elegante en tono azul humo. Su piel, tan clara como la porcelana, relucía bajo la luz, y el cabello ondulado caía en cascada, recogido de manera informal con una peineta verde jade, dejando algunos mechones sueltos que rozaban sus mejillas.

El vestido le quedaba perfecto. Era ligeramente holgado, sin ceñirse demasiado, resaltando su porte sobrio y relajado, y evitando cualquier atisbo de vulgaridad.

Su rostro transmitía dulzura, pero sus facciones resultaban muy atractivas. Observó con atención el vestido, jugueteando con la tela, y le preguntó a Sandra, que estaba a su lado:

—¿Te parece bonito?

—¡Te ves increíble! ¡De verdad, jefa!

—Shhh, aquí afuera dime solo Begoña —le corrigió Begoña con una sonrisa.

—¿Crees que es apropiado para la visita de hoy?

—Más que apropiado, te ves espectacular —Sandra apenas podía apartar la vista.

Begoña sonrió satisfecha.

—Entonces me lo llevo.

Betina bufó.

—Un hombre tan atractivo como él debe tener a mil mujeres detrás, ese truco ya no funciona. Mira, tú llevas años detrás de mi hermano, y él ahora va a casarse con otra.

La noticia hizo que la alegría de Paulina se esfumara al instante. La mitad de mandarina rodó de su mano y cayó al suelo.

—¿Se va a casar?

Betina ni se dio cuenta del cambio de ánimo de Paulina. Pensó que solo se le había resbalado la fruta, así que la recogió y la tiró al bote de basura.

—Sí, mi futura cuñada vendrá esta noche a cenar.

Sabía perfectamente que Paulina sentía algo por su hermano, pero él nunca le correspondió. Su madre siempre decía que en el amor no se podía forzar nada y esperaba que Paulina pudiera superar esa pena.

Ahora que su hermano estaba por casarse, Paulina tendría que dejarlo ir, aunque no quisiera.

Betina levantó la voz hacia el segundo piso:

—¡Mamá! ¿Ya sabes que la cuñada viene a cenar esta noche?

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