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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 202

El taxi se detuvo frente a la entrada del conjunto residencial. En ese instante, Begoña recibió la llamada del Director Benítez: la empresa de seguridad había conseguido rastrear la IP del sospechoso.

Begoña no podía creer que alguien hubiese sido más rápido que ella. Su sistema ya estaba listo, solo faltaba ponerlo en marcha al día siguiente.

Sin perder tiempo, volvió corriendo a la oficina. Al llegar, comprobó que efectivamente habían dado con la IP del sospechoso, pero resultó ser una dirección local, así que no servía para identificar a una persona concreta.

El Director Benítez comenzó a impacientarse otra vez.

—Director Benítez, yo analicé los hábitos de estos ladrones de la red y preparé un sistema trampa. En cuanto caigan, el sistema los va a perseguir de inmediato hasta dar con ellos —le explicó Begoña con firmeza.

—Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó el Director Benítez, poniendo todas sus esperanzas en Begoña.

—Ahora mismo integro el sistema en la red del banco y esperamos a que caigan en la trampa —respondió ella, mientras sus manos volaban sobre el teclado.

El Director Benítez no pudo evitar sentir admiración. ¿Por qué su hijo nunca había conocido a alguien como Begoña? Todas las cosas buenas se las había llevado la familia Pascual antes que él.

En la sala de computadoras, todos contenían la respiración, esperando.

De repente, en la pantalla apareció un punto azul titilando.

Uno de los trabajadores recibió una llamada y reportó:

[En el banco se detectó el robo de una cuenta, desaparecieron más de un millón de pesos.]

En la pantalla, un punto rojo apareció de inmediato, persiguiendo al azul.

—¿Ya casi lo atrapamos? —preguntó el Director Benítez, tenso. Llevaban medio mes investigando el caso y la presión era abrumadora.

—Todavía no —contestó Begoña, siguiendo con la vista la ruta del punto rojo detrás del azul, atravesando servidores—. Están rebotando en miles de servidores, ¡cubrieron medio continente!

El Director Benítez no podía quedarse quieto. A ratos miraba a Begoña, a ratos fijaba la mirada en la pantalla, donde el punto azul daba vueltas y se acercaba cada vez más a ellos.

De pronto, el punto rojo se lanzó directo y alcanzó al azul.

Begoña se apresuró a teclear. En unos segundos, la imagen tridimensional de un edificio apareció en la pantalla, con una etiqueta clara: Grupo Duarte.

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