Entrar Via

LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 245

Cualquier otra chica se habría quedado paralizada del miedo ante esa mirada, pero Roxana no mostró ni una pizca de temor.

Por el contrario, curvó los labios y le ofreció una sonrisa.

—¿Acaso no hay una tercera opción?

Al ver que no le tenía miedo, el orgullo del matón se sintió herido. Frunció el ceño, abrió la puerta trasera y la amenazó con voz ronca:

—Déjate de tonterías. ¡Si te digo que bajes, te bajas! ¡O no tendré piedad contigo!

La sonrisa burlona en el rostro de Roxana se profundizó.

—¿Ah, sí? ¿Y qué tan despiadado puedes ser?

Al ver que se atrevía a desafiarlo, el hombre estalló en furia, pareciendo un león descontrolado.

—¡Parece que tienes que estrellarte para aprender! ¡Muy bien, te mostraré lo que significa no tener piedad!

Dicho esto, metió la mano directamente en el auto para agarrarla.

Eso era justo lo que Roxana estaba esperando. Se inclinó hacia adelante y, con sus manos delgadas, sujetó el grueso brazo del hombre.

El matón vio su movimiento y no le dio la menor importancia.

Esos bracitos delgados ni siquiera le harían cosquillas, ¿qué daño podría hacerle?

Pero al segundo siguiente, un fuerte crujido de huesos se escuchó proveniente de su brazo.

Antes de que pudiera gritar, un dolor desgarrador lo invadió.

—¡Ah! ¿Qué haces? ¡Suéltame, suéltame ahora!

Roxana sostuvo su mano, la empujó en dirección contraria y el hombre retrocedió tambaleándose hasta caer pesadamente al suelo.

—¡Quinto!

Los hombres que bajaron del otro vehículo, al verlo caer torpemente, corrieron a ayudarlo.

Pero apenas se acercaron, vieron que su brazo colgaba inerte a un costado en un ángulo perturbador.

Uno de ellos se sobresaltó y miró al interior del auto con evidente incredulidad.

Sintió un agudo dolor en el brazo y, al instante siguiente, lo arrojaron fuera del vehículo.

Tras golpear fuertemente contra el asfalto, ignoró el dolor, se levantó a toda prisa y vio cómo esos sujetos arrancaban la puerta del auto para abalanzarse hacia adentro. Su rostro perdió todo color.

¡No podía imaginar cómo la frágil y delgada señorita Roxana podría escapar de las garras de esos monstruos!

—¡Señorita Roxana!

Ignorando su propio sufrimiento, Enrique se lanzó de nuevo hacia ellos.

Pero antes de siquiera llegar al auto, vio cómo el cuerpo de uno de los matones salía volando de lado, como si fuera una cometa sin hilo, estrellándose justo frente a él.

Asustado, retrocedió rápidamente.

El hombre cayó de manera aparatosa, rozándolo por un lado, y aterrizó pesadamente justo encima de Quinto, el que tenía el brazo roto.

—¡Ahhhhhh!

Dos gritos desgarradores atravesaron la oscuridad de la noche.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA