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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 915

Sin embargo, las siguientes palabras de la mujer destruyeron por completo esa teoría.

—Pero si ese terreno no es más que tierra muerta. No hay minerales valiosos y está lejísimos de la ciudad. ¿Para qué lo quieres?

Valeriano no se molestó en dar explicaciones, simplemente le dedicó una sonrisa enigmática.

—Yo sé exactamente lo que quiero hacer con él. ¿Aceptas el trato o no?

La Jefa Akna sabía perfectamente que su tribu, criada en el aislamiento de la isla, no sobreviviría fácilmente en una metrópolis moderna.

Necesitaban un rincón pacífico y protegido.

Así que no lo pensó dos veces.

—De acuerdo. Acepto.

En ese momento, Layna entró apresurada a la habitación. Al ver a Roxana y Valeriano, su rostro se iluminó y volvió a agradecerles efusivamente por haberles salvado la vida.

Ambos restaron importancia al acto con humildad.

—Layna, resulta que el Señor Sandoval acaba de proponernos... —La Jefa Akna procedió a explicarle a su hermana el pacto que acababan de sellar.

Al terminar de escuchar, los ojos de Layna brillaron de esperanza.

—Aunque no entiendo por qué le interesa tanto ese pedazo de tierra, Señor Sandoval, estoy profundamente agradecida por darle a mi gente una oportunidad para empezar de nuevo. Le juro que somos personas trabajadoras. Si nos da una oportunidad, no le fallaremos.

Valeriano asintió levemente con la cabeza.

—Si confío en alguien, no dudo; y si dudo, no lo contrato.

Conversaron un poco más sobre la burocracia del traspaso y la firma de los contratos antes de que Roxana y Valeriano se despidieran.

Al salir al pasillo, vieron a Bastián caminando desde los ascensores, cargando dos elegantes viandas de comida.

Al toparse con ellos, el guardaespaldas se puso rojo como un tomate e intentó, inútilmente, esconder la comida detrás de su espalda.

Roxana no pudo evitar soltar una risita.

—No lo escondas, ya te vimos.

Valeriano, al ver la sonrisa de Roxana, sintió que el pecho se le inflaba de orgullo y su mirada se suavizó. Le dirigió unas palabras de aliento a su subordinado:

—Si estás enamorado, ve y conquístala como un hombre. Es hora de que uses esos ahorros para la boda que llevas años guardando.

El rostro de Bastián se puso del color de la grana. Se rascó la cabeza nervioso, hizo una torpe reverencia y balbuceó:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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