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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 259

Roxana alzó una ceja con indiferencia.

Rara vez mostraba su verdadero rostro en la Región de los Tres Oros. Salvo por su círculo más íntimo de confianza, nadie sabía que ella era la líder absoluta del Gremio Lobo Sangriento.

Para todos allá afuera, el gran jefe era Julián.

Naturalmente, Julián no permitiría que la verdadera identidad de Roxana quedara expuesta en un lugar tan volátil, así que dio un paso al frente con actitud desafiante:

—¿Qué te importa? Una belleza como esta, ¿de quién más crees que viene acompañada?

El empleado reconoció a Julián al instante y empalideció.

—Mil disculpas, Jefe Julián. No lo reconocí. Le ruego que pase por alto mi torpeza.

Julián resopló con desdén.

El empleado sudaba frío.

El Gremio Lobo Sangriento era actualmente una de las tres grandes potencias; ofenderlos era firmar su sentencia de muerte.

Julián sacó una tarjeta de lujo y la hizo girar entre sus dedos con arrogancia.

—Querían comprobar los fondos, ¿verdad? Pasen esto.

Roxana miró a Julián de reojo.

Él bajó la voz y le susurró, intentando ganarse un cumplido:

—Jefa, como esto era un asunto menor, no se lo mencioné para no aburrirla. Dígame, ¿soy o no soy considerado?

Roxana lo ignoró. Su atención se centró en el muro humano de mercenarios fuertemente armados que custodiaba al personal de entrada.

Había decenas de ellos, todos irradiando una sed de sangre que solo daban años de matar por dinero.

La casa de subastas en el distrito central estaba bajo la jurisdicción del Comando de Seguridad Regional y gozaba de su protección directa. Si bien lo que la Secta del Loto Carmesí iba a subastar era valioso, la escolta del Comando debería ser más que suficiente. ¿Para qué contratar mercenarios extra?

—Todo está en orden. Por aquí, Jefe Julián —los invitó el empleado con reverencias exageradas.

Apenas cruzaron la puerta, los mercenarios reportaron de inmediato la situación a Claudio.

Cuando Claudio se enteró de que Julián había llevado a una belleza como acompañante, soltó una carcajada burlona.

—Ese Julián sí que es un mujeriego. Morir por una cara bonita, al menos se dará un gusto.

Claudio rio con desprecio.

—El Gremio Lobo Sangriento solo trajo a cuatro personas en total, y una de ellas es la mujer. No son ninguna amenaza. Quienes todavía no asoman las narices son los de la Alianza Ígnea. Me pregunto cuántos perros traerán.

Justo entonces, otro informante entró corriendo.

—¡Jefe, los de la Alianza Ígnea acaban de llegar! Pero solo vinieron dos: Tigre y Bastián. Su líder no está con ellos.

Claudio soltó una carcajada amarga, cargada de furia.

—Así que ni la Alianza Ígnea ni el Gremio Lobo me están tomando en serio, ¿eh? ¡Perfecto! ¡Veamos cuánto les dura esa arrogancia!

Hernán, por su parte, frunció el ceño al escuchar que el líder de la Alianza no había aparecido.

—Imposible. El líder de la Alianza Ígnea jamás se perdería esto... Don Claudio, mande a investigar mejor. ¡Es muy probable que ya esté aquí, escondido entre la multitud sin llamar la atención!

Aun si la cura no le interesaba, ¡la Hierba Ígnea de Sangre era un premio demasiado grande como para ignorarlo!

Claudio, dándose cuenta de que Hernán tenía razón, mandó de inmediato a sus hombres a buscarlo.

***

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