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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 510

El hospital afirmó que se trató de un infarto repentino, pero yo no me lo creí.

Como estudiante de medicina, noté que algo andaba mal casi al instante de ver a mi madre. Al examinarla, descubrí que, salvo su corazón, le faltaban todos los demás órganos vitales.

En ese momento, el mundo se me vino abajo. Pero el hospital se negó a admitirlo. Dijeron que yo estaba inventando calumnias e intentaron demandarme para meterme a la cárcel.

Así que tuve que escapar.

El rostro de Roxana se llenó de un aura gélida. ¡Así que era eso!

Miró de nuevo la placa de la Rosa Carmesí, que apenas era del tamaño de una tarjeta de acceso, y siguió preguntando:

—¿Todos en ese hospital tenían esta placa?

—No, solo ese doctor la tenía. Pero alguien capaz de hacer algo tan inhumano definitivamente no actuaba solo. Sin embargo, antes de poder descubrir algo más, él se dio cuenta. Para sobrevivir, me vi obligada a esconderme y huir de un lugar a otro durante casi un año hasta poder regresar a Puerto Esperanza.

—¿Y Bruno es la segunda persona que encuentras con esta placa?

—No —negó Dulce con la cabeza—. La segunda persona no fue Bruno. Fue un hombre con el que me crucé en un centro de pruebas en Puerto Esperanza. Tenía el rostro cubierto, pero llevaba ese tatuaje en el brazo. Quise perseguirlo, pero no me dio tiempo. Se subió a un auto y se fue.

—¿Pudiste ver la placa del auto?

—Sí, pero era clonada, así que no había forma de rastrear información útil.

Roxana frunció el ceño con fuerza. Si en Puerto Esperanza también había gente así, significaba que esa organización ya se había infiltrado en otras ciudades.

Recordando que la investigación sobre el orfanato seguía estancada, se atrevió a pensar: ¿estaría este grupo involucrado con el orfanato?

—Entiendo. Pero a partir de ahora no investigues esto sola. Yo tengo formas de averiguar. Si consigo alguna pista, te la compartiré. Tú debes hacer lo mismo. Por favor, no actúes por tu cuenta.

Al escuchar sus palabras, una leve sonrisa apareció en el pálido rostro de Dulce.

—A pesar de que eres más joven que yo, a tu lado siento una gran seguridad. Jefa, de verdad eres increíble. Eres la persona más extraordinaria que he conocido, confío en ti.

Roxana la miró con suavidad.

—Tú también eres increíble. Lograste escapar con vida de esa gente y volver al país.

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