Como el auto de Paulina se había quedado en el estacionamiento del restaurante desde la noche anterior, tras desayunar decidió irse en el coche de Armando para acompañarlo a dejar a Josefina a la escuela.
Después de despedirse de la niña en la entrada del colegio, Armando volteó a verla.
—¿Te llevo a la oficina?
—No hace falta —rechazó Paulina con voz neutra—. Pediré un taxi.
Armando asintió sin insistir.
—Ve con cuidado.
Dicho esto, se despidió de ella y, sin mirar atrás, subió al coche rumbo al Grupo Frias.
Pasó toda la mañana resolviendo asuntos en el corporativo. Al mediodía tenía agendada una comida de negocios. Bajó al vestíbulo acompañado de Reinaldo y otros ejecutivos, pero apenas pisaron la salida hacia el estacionamiento, se encontraron con Mercedez Lobos esperándolos.
Tanto Armando como Reinaldo detuvieron su marcha.
Reinaldo era uno de los pocos que sabían a la perfección lo tensa y fría que estaba la situación entre ellos últimamente.
También sabía que ella había intentado buscarlo en el corporativo varias veces sin éxito.
No obstante, llevaba casi quince días sin aparecerse. Su repentina llegada...
Reinaldo miró de reojo a su jefe.
Mercedez caminó directo hacia Armando y le dedicó una sonrisa.
—¿Te interrumpo?
—No.
Ella sonrió y se subió con él en la parte trasera del auto.
Al verlos acomodarse, Reinaldo soltó un suspiro de alivio.
Por muy mal que estuvieran las cosas, a su parecer, Armando seguía sintiendo algo por ella.
El panel divisorio que separaba los asientos traseros subió lentamente, bloqueando de inmediato la vista del chofer y de Reinaldo.
Mientras el auto se integraba a la avenida, Mercedez lo miró a los ojos.
—Hacía mucho que no comíamos juntos. Quería verte.
—¡Mercedez! —gritó Reinaldo alarmado.
Los demás se quedaron helados por el susto.
—¡Llamen a una ambulancia!
En cuestión de minutos, Armando la subió a su propio coche y arrancaron a toda velocidad hacia urgencias.
Poco tiempo después, al enterarse de la noticia, los miembros de las familias Lobos y Saavedra llegaron al hospital con rostros llenos de preocupación.
El corte que sufrió en el hombro era tan profundo que llegaba hasta el hueso. Aunque su vida no corría peligro, los médicos le ordenaron guardar reposo absoluto internada por varios días.
Más tarde, Castulo Haro y Alfredo Chávez se presentaron en la habitación con flores y una canasta de frutas.
Para ese momento, Mercedez ya había recuperado la consciencia.
Todos sabían perfectamente que le había salvado la vida a Armando.
Alfredo se acercó a ella con una mirada de preocupación y sincero agradecimiento.
—¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Espectacular Transformación de la Reina AI
Y... volvemos otra vez al principio...
Da vuelta en lo mismo. Ya estoy aburrida con la trama....
Y seguimos con las mismas porquerías de capítulos.... NO AVANZA NADAAAAAAAA...
Otra semana más esperamdo nuevos capítulos, para leer pura porquería... Esta novela ya no sirve ni para papel Confort! Es de esperar que no finalice la novela con la tonta de Paulina perdonando al infeliz de Armando, quien se revuelca como quiere con su Amante ante los ojos de medio mundo.......
Autora muchas gracias por la novela pero dele algo de acción a la potra con todos los malos...
Estuve 3 meses sin leer esta historia porque avanza muy despacio y que decepción leer que la trama vuelve a la misma m......
Que mierda, esto lo último ya me rindo no puedo con esta historia de verdad que atraso de mierda...
esperar toda una semana para leer 6 capítulos con la misma porquería!!!! AUTORA no tienes un ápice de respeto por los lectores!!!!...
Y retroceder nada de avanzar que pendejada...
Y volvemos a lo mismo! Otro accidente y justo está la Mercedez para salvar a Armando y nuevamente el imbésil caerá en remordimento de conciencia y volverá con l Vivaceta de la Mercedez.... Para mi que esos 2 accidentes han sido arregaldos......